Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él

martes 08 de abril de 2014 – 09:13 a.m. 139

Estábamos con mi esposo en una piscina pública, cuando la gente que nos rodeaba empezó a mirar atentamente hacia arriba. Un pequeño avión formaba letras con el humo que emitía. Mientras observábamos, el piloto escribió: «TE AMO». Todos empezamos a especular. Quizá sea una propuesta matrimonial. Tal vez un hombre romántico está con su novia en un balcón cercano, y pronto le preguntará: ¿quieres casarte conmigo? Seguimos con la mirada hacia arriba: «TE AMO, J-E-». Escuché que unas jovencitas decían: «Apuesto a que es Jerónimo o quizá Jésica». Las letras seguían apareciendo… no, era: «JESÚS». El piloto estaba declarando al mundo su amor por Jesús.

Un amigo mío suele terminar sus oraciones diciendo: «Señor, te amo». Y comenta: «No puedo evitar decirle que lo amo, después de todo lo que ha hecho por mí». En Romanos 6:1-11, nuestro pasaje bíblico para hoy, el apóstol Pablo relata algunas de las cosas que Cristo ha hecho por nosotros y por las cuales merece nuestro amor: fue crucificado, sepultado y resucitado. Por esta razón, los que hemos puesto nuestra fe en Él tenemos ahora vida eterna (v. 4), el pecado o el temor a la muerte ya no tienen que someternos (vv. 6, 9), y un día, nosotros también resucitaremos para vivir con el Señor para siempre (v. 8).

Con razón, decimos: «¡Te amo, Jesús!».

Para mostrar su amor, Cristo murió por nosotros; para mostrar nuestro amor, vivimos para Él.

LEA: Romanos 6:1-11

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