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¡Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados!

viernes 07 de marzo de 2014 – 09:16 a.m. 22

Jesús es quien nos invita tan cordialmente aquí. Él se dirige a aquellos que están cansados de vivir bajo la presión de su propio pecado. Aquellos que están afligidos, no por los pecados de otros, sino por el de sí mismos. A tales, que están cansados de caer en los mismos pecados, incluso si estos son algo ocultos a los demás.

Jesús sabía que hay personas que saben perfectamente que sus vidas deberían ser muy diferentes. Quizás tú también sientes lo mismo; una persistente intranquilidad, un vacío que no puedes llenar con algo de este mundo, un anhelo de Dios, el cual quizás no puedes describir. Lamentas tu dureza, y te das cuenta de tu propia arrogancia y egoísmo. Te sientes impuro o «sucio» por causa de tus propios pensamientos y fantasías que vienen y van, sin que puedas controlarlo. Por eso que te sientes culpable.







Cómo te juzgan las demás personas, acaso ellos pueden ver tu lucha, o si eres cristiano o no, no cambia el hecho de que tú mismo ves que las cosas no van muy bien contigo. Sabes que hay fuerzas en tu vida que son más poderosas que tú mismo, y que en tus pensamientos te conducen lejos de Dios a cosas que sabes no son buenas para ti. Cosas que te llevan a un espiral de miseria. Si tú no adviertes esto, entonces no eres sincero. ¡Sin embargo, anhelas ser sincero desde lo profundo!

La idea de que Dios y las personas que están a tu alrededor sufren porque estás atado al pecado, solo hace que tu dolor empeore. Ya sabes que: ¡Necesito ayuda! En tu aflicción y anhelo para una vida pura y divina, por la cual darías lo que fuera para ser libre. ¡Con gusto quieres convertirte a Dios!




Jesús sabe de tu anhelo, y también sabe la respuesta: ¡Para tales personas, tengo un mensaje! ¡Él puede darte lo que andas buscando! ¡Él puede darte una vida totalmente nueva! Sin Él es algo que no lo podrías lograr. Pero con Él, es justamente como promete en su cálida y cordial invitación:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30.




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