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Un poco de paciencia, por favor

piano de colaCuentan de un profesor que fue nombrado director del Departamento de Música en su escuela. Su primer proyecto fue dotar a la escuela de un piano de cola para colocarlo en el escenario del anfiteatro. Gracias al esfuerzo de maestro y estudiantes se recaudaron los fondos y la escuela adquirió un piano. Muy orgulloso de su obra el profesor indicó que fuera colocado en el centro del escenario, pero el director de la escuela objetó de inmediato ordenando que el piano fuera ubicado en una esquina. El profesor insistía en que en medio del escenario se vería majestuoso y que en una esquina no lucía bien, sin embargo, no logró convencer al director.

Herido y frustrado, el profesor presentó su renuncia y se fue del pueblo. El principal contrató a un nuevo profesor. Años mas tarde regresó el profesor al pueblo y no pudo evitar el deseo de ir a la escuela para echarle una mirada al sueño de su vida, el piano de cola. Su sorpresa fue grande cuando vio que el piano estaba en el centro del escenario, tal y como él lo había deseado. Devorado por la curiosidad fue y preguntó al nuevo profesor como había logrado convencer al principal de que el piano fuera colocado allí. El profesor le contestó: ¡Oh! él nunca lo permitió. Yo simplemente iba todos los días a practicar al piano y cada día lo empujaba un centímetro…y otro…y otro…y como era tan poquito a poquito, nunca se dieron cuenta.







¡Qué mucho logramos cuando ejercitamos la paciencia! Los grandes cambios de la vida están adornadas de un espíritu paciente. Los mayores logros se consiguen tras un dedicado esfuerzo y un periodo de espera hasta ver el resultado.

Al momento de hacer ajustes debemos practicar la paciencia y reconocer que cada día tendremos la oportunidad de ganar terreno en la batalla. No todo, se logra instantáneamente, sino que en muchos casos tendremos que saber esperar. La paciencia no es un mero aguante, sino la capacidad de esperar confiadamente hasta ver que Dios haya respondido a la oración en forma especial.




La experiencia del Rey David nos sirve como punto de referencia en este tema. David confesó que antes de una intervención divina en su vida ejercitó la paciencia hasta obtener la respuesta.

(Pacientemente) Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Salmos 40.1-3a

La experiencia transformadora de David comenzó luego que él ejercitara su paciencia. Fue paciente y Dios le escuchó; supo esperar y Dios lo sorprendió transformando todo su ser.

Sé paciente porque en el momento menos esperado recibirás lo que tanto deseas.




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