Súbete al árbol para ver a Jesús

martes 14 de enero de 2014 – 07:05 p.m. 134

Súbete al árbol

Hay personas que rechazan constantemente lo que es distinto o desconocido. Lamentablemente vemos a menudo como se margina a los que tienen una capacidad distinta o a quienes han sido víctima de los duros golpes de la vida.

Podemos ver en la historia de Zaqueo, que él se sentía despreciado por la sociedad pues era un hombre pequeño, cobrador de impuestos y por si faltaba algo, trabajaba para los romanos.

Sabiendo que Jesús pasaba por el lugar, Zaqueo decidió subirse a un árbol para ver a Jesús, ya que por su estatura no podría lograr su cometido. Pero para su sorpresa, no solo pudo verlo como se había propuesto, sino que además cenó y habló con El en su propia casa.

Pero aún había algo más grande reservado para Zaqueo. Cuando él fue capaz de arrepentirse de sus pecados, esto abrió la puerta del perdón, recibiendo de tal manera el regalo mas preciado: el de la salvación.

Muchas veces nos cuesta acercarnos a Jesús, los prejuicios y la culpa nos impiden hacerlo. Sin embargo Zaqueo no se quedó con el rechazo generalizado que recibía en forma permanente. Por el contrario, Jesús no dudó ni un instante en aceptar a Zaqueo y cenar con él. Lo bendijo y le dio una nueva oportunidad, a pesar de conocer cada una de sus fallas. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que éste también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19:9-10

Dios te acepta tal cual eres y desea transformar aquello que no te deja crecer. Hoy te animo a que te acerques nuevamente a Dios, sin pena, ni culpa, solo con un corazón dispuesto a reconocer y aceptar su voluntad. “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” Efesios 4:12-13

Zaqueo se bajó del árbol apresurado y lleno de gozo, ya no era el mismo, había tenido un encuentro con Jesús. Ya estaba harto de su vida, necesitaba un cambio y buscó al único capaz de transformarlo.

Hoy puedes hacer los mismo, Jesús quiere cenar en tu casa, ábrele tu corazón.  Solo tú puedes abrir esta puerta, El no te obligará, quizás éste sea el día en que puedas decir, hoy la salvación ha llegado a mi casa.

Por: Telma Céspedes