¿Se imagina si Dios no nos quisiera?

Por: Aradí Vega-Rivera

En muchas ocasiones, he pasado por grandes pruebas que me han hecho sentir como si estuviera atravesando por un túnel donde lo único que veo es una oscuridad llena de incertidumbre al no saber qué encontraré al final del camino.

Es en esos momentos donde me he cuestionado: ¿Será que el Señor ya no me ama como antes? ¿Se habrá cansado de mi constante fracasar en el intento de cumplir mis promesas de hacer su perfecta voluntad?

¿Le suena familiar todo esto? ¿También se ha hecho estas preguntas?

Si es así quiero compartir con usted este hermoso escrito que llegó a mis manos, el cual me hizo recordar que el amor y la misericordia de nuestro amado Padre celestial son tan grandes que nosotros quizás jamás lo lograremos comprender…

• Moisés era tartamudo y asesino.
• David era demasiado joven, obligó a una mujer casada a adulterar y luego mandó a matar al esposo de ésta.
• Salomón era demasiado rico y tolerante con los paganos.
• Lázaro era un hombre muerto.
• Noemí era una pobre viuda.
• María la profetisa era chismosa.
• Juan el bautista era un bocón.
• Jonás huyó de Dios.
• Noé se emborrachó.
• Gedeón y Tomás dudaron.
• Abraham era demasiado viejo.
• Pablo fue un asesino perseguidor de los cristianos. Solía decir: «Hago lo que no quiero y lo que no quiero eso hago».
• Pedro, en su cobardía, negó a Jesús.

Si todos ellos fueron amados por Dios y utilizados para bendición de la humanidad, ¿por qué dudar entonces en que podrá amarnos de la misma manera?

La belleza de la Biblia consiste no solo en que contiene la Palabra de vida, sino que está dotada de ejemplos de personas con toda clase de defectos como los nuestros. Gente como usted y como yo que simplemente fueron pecadores que buscaron a Dios y él los tomó de su mano, los amó y los redimió.

¡El amor de Dios es lo más puro y eterno que hemos recibido!

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Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: El amor de Dios no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡Qué grande es su fidelidad! Lamentaciones 3.21-23

El Señor no ha de abandonarnos para siempre. Aunque hace sufrir, también se compadece, porque su amor es inmenso. Realmente no le agrada afligir ni causar dolor a los hombres. Lamentaciones 3. 31-33