Reeditado: Con el agua hasta el cuello.

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Hace poco venía caminando por una laguna que se encuentra cerca de mi casa. Venía de visitar a una amiga, en eso veo que un niño se encuentra jugando en la orilla de la laguna, y presentí que el niño podía caerse desafortunadamente caí en lo cierto y vi la terrible escena de como el niño se iba resbalando poco a poco y a su vez tratando de agarrarse por si solo sin poder sostenerse de algo, le era imposible porque todo estaba húmedo. Vi como se iba hundiendo y cuando le llegó el agua hasta el cuello fue cuando el comenzó a pedir ayuda, gracias a Dios que yo estaba a escasos 10 metros de él y le pude extender mi mano.

Este caso se me hace familiar cuando nosotros los cristianos tenemos problemas, queremos darnos tiempo para solucionarlos. Y aun cuando no podemos solucionarnos nos seguimos aferrando a que nosotros podemos hacerlo y no pedimos ayuda, es más a veces hasta ni a Dios le queremos pedir ayuda. Y cuando sentimos el agua hasta el cuello lo hacemos. Pero lo hacemos a veces mal, por ejemplo: Bueno, Dios tengo un problema, no pienso pedir ayuda a ninguno de mis hermanos porque sé que tú me ayudarás… eso es ilógico.

Dios te ha provisto de una familia de hermanos en Cristo y definitivamente hay quien te puede ayudar, desde el pastor hasta cualquier hermano que menos te lo imagines, desafortunadamente nuestro orgullo a veces nos gobierna y pues es entonces cuando nos llega el agua hasta el cuello.

Dios siempre te va ayudar pero tu tienes que poner de tu parte en los problemas que a veces como cristianos padecemos, tal vez a veces pienses que Dios permanece callado pero no es así, Dios también quiere que crezcas espiritualmente ¿ahora imagínate si Dios te hace todo tu trabajo? Y algo importante no te olvides que todo obra para bien y que “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1).

No le dejes los problemas al tiempo…

Déjalos en las manos de Dios.

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