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¿Qué ha pasado con el sacerdocio de los creyentes?

Tomado de www.ministros.org

cristianos336xc El Dios de Israel fue quien instituyó este concepto en la vida cultual de su pueblo diciendo: “Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes, y una nación santa” comunícales esto a los israelitas. (Éxodo 19:6 NVI) Definitivamente esto no constituye una autonomía en la adoración sino una integración de los adoradores en un solo y único sacerdocio santo. La función sacerdotal debió ser el modelo a seguir por los hijos de Israel, una vida apartada, comprometida con el culto a Jehová Dios. Cuando Eldad y Medad profetizaron en el campamento, Josué pidió a Moisés que se los impidiera a lo que Moisés contestó: “Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta y que Jehová  pusiera su Espíritu sobre ellos” (Números 11:25-29) ¡Admirable actitud de un líder sin prejuicios ni vanas pretensiones!
Según la historia de la Reforma, uno de sus planteamientos fue la restauración del sacerdocio de los creyentes. La curia había sustraído este ejercicio en la vida de la Iglesia. El clero ocupaba la preeminencia en el culto, la enseñanza y la proclamación. El  concepto pastoral vertido por el apóstol Pablo fue: “Y Él mismo constituyó a unos apóstoles, y a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12).

El texto apunta a una diversidad en el sacerdocio dentro de una unidad de propósito La Iglesia primitiva tenía menos profesionales del ministerio y por consiguiente más participación de los fieles en el culto. Con la institucionalización de la Iglesia se ha degenerado en una pastoral que consciente o inconscientemente lo abarca todo y reduce a los fieles a una masa de espectadores.

Hoy por hoy, las llamadas iglesias multitudinarias (mega churches) son más bien como estadios de espectáculos donde la gente acude unos a curiosear y otros a celebrar el evento de la salvación. No es de sorprenderse la ausencia de compromiso de aquellos que se unen a la congregación.  Por alguna razón los creyentes no ejercen su misión como puentes, (si la palabra sacerdote eso es lo que significa) no están sirviendo como instrumentos para facilitar que lleguen al conocimiento del Salvador los que no han sido alcanzados.

La visión del apóstol Pedro discrepa mucho de la función actual en la vida de los creyentes: “también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio  santo para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:5.9) ¿En qué estamos fallando? ¿Por qué tanta distancia entre el clero y los laicos? ¿Es que no puede Dios usar también a los laicos? Veamos como lo ve el autor de los Hebreos: “Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el llamamiento celestial, consideren a Jesús, Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos” (Hebreos 3:1 NVI). Habría menos pastores abrumados, sobrecargados si más creyentes ejerciesen su sacerdocio.

Las Escrituras enseñan claramente el principio de la participación de los fieles en el ministerio y se cierran con estas palabras: “al que ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes al servicio de Dios su Padre, a Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amén” (Apocalipsis 1:6 NVI). Si este es el plan divino, la conformación de una masa de creyentes es contraria e inoperante. El miedo a la subversión o la fuga de creyentes no debe ignorar la visión celestial de hacer de cada creyente un sacerdote que ofrezca sacrificios agradables al Señor.  Gente santa será siempre gente sujeta a quienes les presiden en el Señor. Será gente menos dependiente, menos crítica del pastor y más dispuesta a levantar sus brazos hasta que se gane la batalla. Será gente que no se conforma con ser parte de una masa de creyentes sino de un equipo de trabajo, de un ejército en marcha.

No hay duda alguna que necesitamos reavivar el sacerdocio de los creyentes hoy más que nunca. La evangelización será efectiva, el testimonio de la Iglesia  más sólido y el crecimiento de la Iglesia no será solo matemático sino holista, uno que cumplirá el propósito celestial de un reino de sacerdotes. Entonces la Iglesia dejará de ser una congregación de asistentes y será una congregación ministrante, como apunta acertadamente  Avery Dulles en “Modelos de Iglesia”, una congregación sacerdotal, Así sea, Amén.

José Daniel

Tomado de www.ministros.org