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Pastores «celebridades», ¿pasarán de moda?

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El tema de las megaiglesias y megapastores, se ha vuelto un poco neurálgico suscitando opiniones encontradas. Hay quienes están fascinados con la idea de la flexibilidad de horarios, el alcance satelital que tienen, el mensaje que predica su pastor;  y, otros simplemente se sienten contentos con la idea de tener un pastor, considerado como una «celebridad»y por qué no decirlo, por ser parte de una iglesia próspera que les ofrece todas las comodidades que desean.

Ahora bien, uno de los problemas con los «pastores celebridades» es que es muy difícil trazar una línea entre el avance del evangelio y el avance del predicador. Cuando un famoso pastor crece en audiencia y fama, algunos se sienten como una «estrella de rock». ¿Su sueldo? Desconocido. ¿Quién controla los fondos de la iglesia? ¡Buena suerte en encontrarlo!  Como muchos tienen hasta acuerdos de confidencialidad de los pastores  y miembros del personal deben firmar cuando se van, se sabe poco acerca de a quién tienen que rendir cuentas sobre el dinero o cualquier otro tema.




Tom Krattenmaker, autor del libro «Los evangélicos que no conoces», escribió un interesante artículo para el Huffington Post donde plantea la pregunta si los «pastores celebridades» están pasando de moda.  En el artículo señala que el acceso al Internet ha hecho que el status de «pastor celebridad» no sea tan fácil porque éste tendrá que estar dispuesto a que cualquier cosa que haga va a volar como pólvora por las redes sociales. En otras palabras, va a ser más difícil mantener por mucho tiempo «esqueletos escondidos en el closet».

Un ejemplo de esto fue el caso del pastor Mark Driscoll de la Iglesia Mars Hill en Seattle quien ha tenido que enfrentar acusaciones de plagio, mal uso de fondos de la iglesia para apuntalar la venta de sus libros y, acusaciones de silenciar cualquier persona en su iglesia que tenga  la osadía de preguntarle. -Driscoll ha instado a sus seguidores a mantenerse fuera de la Web. “De todos modos todo esto son chanchullos”, explica.

Steven Furtick, un pastor de una megaiglesia en Carolina del Norte, y Dave Ramsey, un gurú evangélico de las finanzas, también han recibido golpes al igual que los Predicadores del Reality Show de Los Ángeles. Esto, en un contexto de cambios culturales, que han creado fuertes corrientes en contra del cristiano seguidor del modelo tipificado de líder superestrella de hoy  día.




¿Qué va a hacer un megapastor y sus seguidores? Recordar las admoniciones bíblicas contra la idolatría sería un buen comienzo.

Algunos medios de comunicación han bautizado a Driscoll una “estrella de rock”, entre los pastores. Él, es considerado un reverendo descarado, muy interesado en el sexo e irreverente. No lanza televisores fuera de las ventanas del hotel al estilo de algunos músicos de rock, pero se acerca en el sentido retórico, lanzando insultos sobre los gays, las mujeres y sus rivales teológicos.

Por otro lado, fiel a su estatus de «estrella de rock», Driscoll goza de gran popularidad. Su Iglesia Mars Hill (incluyendo sus 15 oficinas satélites franquiciadas) atrae  semanalmente a casi 15,000 personas. El podcast de Driscoll tiene 250,000 oyentes regulares en todo el mundo, y su libro de 2012, el Matrimonio real, encabezó la lista de best-seller en el New York Times. 




Driscoll ha admitido el uso de más de $200,000 en fondos de la iglesia para contratar a un consultor para jugar con el sistema, aumentar las ventas y añade la referencia mágica «N º 1 el autor más vendido» a su brillante resumé. Esta asignación cuestionable de dinero de la iglesia es indicativo de un problema más amplio del creciente rebaño de Driscoll que irrita a los críticos: la falta de transparencia en torno a Driscoll y los fondos de la iglesia.

¿Su sueldo? Desconocido. ¿Quién controla los fondos de la iglesia? ¡Buena suerte en encontrarlo! Y debido a los acuerdos de confidencialidad que los pastores de Mars Hill y miembros del personal deben firmar cuando se van, se sabe poco acerca de a quién tiene Driscoll que rendir cuentas sobre el dinero o cualquier otro tema.

Uno de los problemas con los «pastores celebridades» es que es muy difícil trazar una línea entre el avance del evangelio y el avance del predicador. Cuando un famoso pastor crece en audiencia y fama, ¿no significa que más personas están escuchando sobre el mensaje de salvación de Cristo?

Bueno, sí, pero según lo revelado por la larga historia de la autoridad de la iglesia y, su abuso periódico, la dinámica también le da al predicador en el pedestal de una justificación aparentemente demasiado fácil para  todo lo que quiere hacer. Usted no quiere estar en contra de la voluntad de Dios, ¿verdad?

Ahora, sin embargo, hay un comodín que las celebridades religiosas- de la vieja escuela no tienen que lidiar. Gracias al Internet, cualquier seguidor actual o anterior contrariado puede escribir una entrada mordaz en el blog, añadir comentarios desagradables a los foros de lectores o, como el creador de FakeDriscoll, expresar en una cuenta de Twitter una parodia en su nombre. Esto ha tenido un impacto como lo demuestra la iglesia de Driscoll, que ha tenido que despedir personal debido a la disminución de la asistencia y las ofrendas.

Debido a la Internet, “el público se ha vuelto ahora tanto una celebridad,  si no más, como lo es el pastor”, dice Jim Henderson, un autor cristiano y productor en la zona de Seattle que está convencido de que la era de la celebridad como pastor espiritual está disminuyendo. Henderson produce un espectáculo en vivo llamado ¿Dónde está Dios cuando … con un tipo muy diferente de “celebridad” cristiana – William Paul Young, autor de la novela La Cabaña.  Young es, al parecer, todo lo que los megapastores no son: pequeño de estatura y ego, callado y reflexivo, y abierto acerca de su viaje doloroso y sus luchas (incluyendo ser víctima de abuso sexual).

Henderson podría estar en lo cierto acerca de este principio del fin para megapastores celebridades. Pero mientras ese proceso sigue su curso, los fans de los Driscolls, Furticks y el resto tienen una gran pregunta que hacerse. ¿A quién, en última instancia, están siguiendo? ¿A Jesús? ¿O su pastor?

(Tom Krattenmaker es un escritor con sede en Portland especializado en la religión en la vida pública. Su último libro es “Los evangélicos que no conoces”).