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Nuevo presidente de Nigeria, ¿real amenaza para Boko Haram o para los cristianos?

Foto: AFP

Muhammadu Buhari ha ganado la elección presidencial nigeriana, por casi dos millones de votos. Su victoria presidencial es el resultado de su cuarto intento de guiar el país desde que fue derrocado hace 30 años. Así como la respuesta de un pueblo paralizado por el horror del terrorismo de Boko Haram, que ha votado, en un intento de autosalvación.

Buhari es un musulmán de 72 años y conocido general del Ejército de Nigeria.  Su victoria marca el inicio de una nueva etapa después de 15 años -desde que el país se democratizó tras una dictadura militar- de gobierno del Partido Democrático Popular (PDP). Sus votantes esperan que con su cultura y experiencia militar sea capaz de mermar los tentáculos de la organización criminal.

Historia de “mano dura”

Por otro lado, no cabe duda que gobernar Nigeria no es tarea fácil para ningún líder político. El país que tiene 173 millones de habitantes (el más habitado de África), experimenta una descomposición debido al sectarismo incurrido por los diferentes gobiernos. Y África es un continente acostumbrado a los golpes militares y a presidentes que buscan perpetuarse en el poder.

Por otro lado, el país afronta la monstruosidad de una organización criminal cada vez más sanguinaria y desafiante, que ha conseguido reclutar a miles de combatientes de los estados del norte, de mayoría musulmán.

«En la lucha contra la insurgencia, nosotros tenemos un trabajo urgente que hacer» dijo el presidente electo. «Boko Haram conocerá muy pronto la fuerza de la voluntad colectiva. Nosotros no escatimaremos en los esfuerzos hasta que derrotemos el terrorismo», dijo el presidente elegido.

Buhari se ha caracterizado por tener  “un puño de hierro”,  no por ser un demócrata, que apoyó una dictadura militar que se materializó en 1983. En solo 22 meses consiguió callar, a golpe de penas de prisión y extorsión, a una feroz oposición política e intelectual.

Limitó la libertad de prensa, sometiéndola a un estricto control. También castigó con mano dura el despilfarro y el robo de dinero público, e incluso autorizó los castigos corporales contra funcionarios que llegaban tarde a sus puestos de trabajo y adoptaban un comportamiento no profesional.

La pena de muerte por contrabando de petróleo -Nigeria es el sexto productor mundial-, la falsificación y el tráfico de drogas duras fue de una de sus leyes estrellas. No se sabe si 31 años después adoptará parecidas medidas extremas. Lo que sí ha quedado como una evidencia en cada una de sus apariciones públicas es que después del terrorismo, la siguiente lucha en su agenda será la corrupción.

¿Qué pueden esperar los cristianos?

¿Impondrá la Ley Sharia en la mitad cristiana de la población nigeriana? O ¿Simplemente le permitirá a Boko Haram continuar matando a los cristianos que quedan ahí?

Los observadores de política exterior occidental del Washington Times preocupados con el ascenso de ISIS en Medio Oriente, deben despertar a la realidad que se esta desarrollando en Nigeria. Buhari quiere imponer la ley islámica en todo Nigeria. De hecho la quiere en todo el mundo.

«Continuaré mostrando abierta y personalmente el compromiso total al movimiento de la ley islámica que se está desenvolviendo en toda Nigeria» dijo «Dios mediante, no pararemos hasta la implementación total de la ley islámica en el país».

¿Es este un indicador de que el señor Buhari apoya la violencia, por que la meta final de los ataques terroristas en Nigeria y África es un estado islámico?