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No soy una víctima

crime-pixabay640_optEl ser una “víctima” no es nuestra identidad. Es posible que hayamos estado en el extremo receptor del enemigo, pero ese mal no cambia quienes somos. Demasiadas personas llevan la pesada etiqueta de víctimas sobre sus hombros. Demasiados de nosotros estamos aplastados bajo el peso de esta falsa identidad. Es hora de liberarnos.Lo que me gustaría que se llevara de este artículo, más que cualquier otra cosa es esta verdad: no somos víctimas.

Nunca quise ser víctima
Poco después de que mi padre fuera asesinado, mi familia y yo fuimos enviados por la corte al departamento de servicios de las víctimas del delito. Fue la primera vez que fuimos llamados víctimas, pero, sinceramente, no me consideré la víctima en aquel momento. Mi padre era la víctima, no mi familia o yo.

Pero de alguna manera, creo que lo de víctima encontró su camino dentro de mí, y la muerte de mi padre se convirtió en un momento decisivo en mi vida. Yo no quería que esta tragedia me definiera, pero así fue. Me convertí en la chica cuyo padre fue asesinado. Odiaba ser esa persona. Odiaba ser la hija de una víctima de asesinato, pero por lo que he visto, es lo que era. No podía escapar de eso. Peri finalmente concluí: “Supongo que soy una víctima”.




En este momento de mi vida, estaba muy metida en lo mundano, no conocía a Dios, y desde luego todavía no estaba siguiendo a Jesús. Pero después de vivir con esta identidad por cerca de diez años, conocí a Jesús, y cuando lo hice, él sacudió por completo mi mundo. Fue entonces cuando empecé a pedirle una alternativa. Necesitaba una nueva identidad. Estaba cansada de ser la hija una víctima de homicidio. Quería ser alguien nuevo. Quería una nueva historia – una que no terminara con muerte y tragedia, sino con vida, esperanza, alegría y paz.

Clamé a Dios, rogándole que me permitiera ver el mundo como Él. Pidiéndole que me revelara quién soy a sus ojos. Rogándole porque se llevara el reproche que venía junto con ser una víctima. Y así fue como comenzó mi viaje.




No pasó mucho tiempo para que Jesús me diera a conocer que tenía que perdonar a Anthony, el hombre que asesinó a mi padre, y me diera la gracia necesaria para abandonar mi identidad de víctima a cambio de mi nueva y verdadera identidad de acuerdo con el Evangelio. La verdad que he aprendido a lo largo de ese viaje alteró profundamente mi percepción de lo que soy.




La verdad es que:
No soy una víctima.
Soy hija de Dios.
He sido redimida
Soy elegida, preciosa a los ojos de mi padre, y amada más allá de lo cuantificable.
Mi pasado ha sido sanado
He sido perdonada.
He sido liberada para perdonar a los demás.
Y mis pecados pasados, así como los pecados cometidos contra mí, no representan ninguna pena en mi presente o mi futuro.

Honestamente, fui una víctima por demasiado tiempo, pero no tiene que ser así para el resto de ustedes. Somos víctimas sólo el tiempo que decimos que lo somos. Y así, lo que necesitamos es un cambio de mentalidad. Mantener una mentalidad de víctima sólo nos perjudica aún más, permitiendo que las nubes de ayer proyecten su sombra sobre nuestra alegría de hoy. (Esta analogía no es mía, pero no conozco la fuente para darle el crédito apropiado. Y me gustó tanto que ¡Tenía que usarla!) El perdón, sin embargo, nos libera de toda esta destrucción. Porque en el momento que perdonamos – dejando el delincuente al juicio de Dios – somos liberados. Somos libres para vivir nuestra verdadera identidad que Dios nos dio.

“Somos víctimas sólo el tiempo que decimos que lo somos.”
Ya lo ve, usted no es una víctima. O por lo menos, “el ser víctima no es su identidad.” Lo mismo es cierto para usted que para mí, si es seguidor de Cristo.
En Cristo, usted es hijo de Dios.

Usted ha sido redimido
Ha sido elegido, es precioso a los ojos de su padre, y amado más allá de lo cuantificable.
Ha sido perdonado. Y ahora, es libre para perdonar.
En verdad, sus pecados pasados – y los pecados cometidos en contra de usted – no tienen ningún poder sobre su presente o su futuro.
Esta es su verdadera identidad.
Permítase creer esto. Hágalo. Crea. Y puedo asegurarle que su vida nunca será la misma.
El ser una “Víctima” no es su identidad.
¿Ha luchado usted por ser una víctima?
¿Todavía necesita perdonar?
¿Cómo el reconocer su verdadera identidad en Cristo le ha cambiado?