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No luches con tus fuerzas ni esperes que algo pase para reconocer que siempre necesitamos de Dios

lunes 06 de mayo de 2013 – 01:16 p.m. 877

Parece que tienes el timón ¿Estás seguro?

Todos nos esforzamos para superarnos o alcanzar una meta, sin embargo, muchos se atribuyen todo esto a sí mismos y no reconocen la obra de Dios en medio de las circunstancias, Recuerdo que un amigo decía: “Lo que yo tengo, es gracias a mi sacrificio y no por una bendición” Por un lado, parecía tener razón, pero no reconocía que Dios le había dado las capacidades para hacerlo, como la inteligencia, las fuerzas y más.

“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no  guardare la ciudad, En vano vela la guardia.” Sal 127:1

La verdad es que si eres padre, por más que te que esfuerces o te preocupes por tu familia, si Dios no estaría en tu hogar, tu trabajo seria en vano; si no fuera Él quien guarda nuestra ciudad o casa, aunque existan autoridades en cada cuadra, nada podría librarnos de las manos del maligno. Podemos creer que tenemos el control porque aparentemente todo nos sale bien, pero si continuamos con ese orgullo, esto no será por mucho tiempo…

“Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. Y quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce. Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto”. Levítico 26:18-20

El día de hoy debes entender que la soberbia y orgullo tienen terribles consecuencias, cuando uno no es agradecido necesitará que su tierra se vuelva estéril y no podrá ver el fruto de su trabajo para darse cuenta que en vano es todo lo que hace si no tiene a Dios presente. Lo cierto es que nuestras fuerzas tienen un límite y Dios permitirá que lleguemos a éste para que reconozcamos su poder.

“Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño”. Salmos 127:2

Ya no luches con tus propias fuerzas ni esperes que algo pase para reconocer que siempre necesitamos de Dios. Si eres una persona trabajadora eres un ejemplo porque a Dios no le gusta que seamos ociosos, sin embargo, reconoce quién tiene el control y sin necesidad de esforzarte tanto, desde que despiertas muy temprano hasta  cuando vas a dormir muy tarde en la noche, por las diferentes preocupaciones; experimenta en estos momentos la paz que necesitas.

Porque “Donde terminan las fuerzas del hombre, recién comienzan las fuerzas de Dios”.

Por: Shirley Chambi.