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No guardes las apariencias y no pretendas ser algo que no eres

sábado 16 de febrero de 2013 – 10:41 a.m. 496

¿Alguna vez te has preguntado dónde está tu verdadero valor? ¿Serías feliz si perdieras todas tus posesiones materiales de un día para otro?

Desafortunadamente, muchos en nuestra cultura se esfuerzan por mantener una imagen que proyecte éxito y genere el aplauso de los demás. Siempre compitiendo para ser el mejor, por tener la mejor casa, el mejor auto, los mejores atuendos, los mejores reconocimientos; creyendo que todo eso les dará más valor y sentido a sus vidas, pero cada vez sintiéndose más vacíos.

El problema con esto es que alguien siempre va a tener una mejor casa, un mejor carro, y un mejor atuendo.

Nos deberíamos preguntar; ¿Por qué corremos tan rápido? ¿Qué nos hace trabajar tan duro y competir intensamente?

Lamentablemente, la mayoría de las personas se esfuerzan tanto por conseguir aceptación a tal grado que destruyen todo lo que realmente importa en la vida. Y de repente se dan cuenta que su matrimonio les tronó. Que su salud se deterioró y que sus hijos adultos los odian o los ignoran.

Debes comprender que tu valor como persona no se encuentra en tus posesiones. Tu valor no se encuentra en tu reputación. Tu valor no se encuentra en tus títulos. Tu valor no se encuentra en los aplausos de los demás que te dicen lo importante que eres.

Tú no eres el auto que manejas ni el fraccionamiento donde vives. Tu valor no lo define el reloj que llevas puesto ni la marca de ropa que usas. Tu valor no se encuentra en los reconocimiento que tienes colgados en la pared. Aun cuando todo eso está bien y es loable no deberían definirte ni darte valor. Si permites que todo eso te dé valor; empezarás una carrera sin fin.

De manera que te desafío a que seas el tipo de persona: “lo que ves es lo que soy”. No guardes las apariencias. No te pongas ninguna careta ni pretendas ser algo que no eres. Lo que los demás piensen de ti no tiene por qué conducir tu vida.

Como puedes ver, no hay nada mejor que ser amados y aceptados por lo que somos y no por lo que tenemos.

Por: Jorge Cota