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No cedas a ninguna tentación

viernes 14 de febrero de 2014 – 04:57 p.m. 100

Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. 1 Corintios 6:12

Cuando los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar, quien no tardó en advertir que Dios estaba con él y le daba éxito en todo lo que hacía. Eso le agradó, por esa razón pronto lo nombró como su asistente personal. Desde el día en que José quedó como encargado de su casa y de todas sus propiedades, Dios comenzó a bendecirlo gracias a él.

José era un joven muy apuesto y la esposa de Potifar pronto comenzó a sentirse atraída por él.

Ven y acuéstate conmigo le ordenó ella.

Pero José se negó: Mire le contestó, mi amo confía en mí y me puso a cargo de todo lo que hay en su casa. Nadie aquí tiene más autoridad que yo. Él no me ha negado nada, con excepción de usted, porque es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer semejante maldad? Sería un gran pecado contra Dios.

Día tras día, ella seguía presionando a José, pero él se negaba a acostarse con ella y la evitaba tanto como podía. Cierto día, sin embargo, José entró a hacer su trabajo y no había nadie más allí. Ella llegó, lo agarró del manto y le ordenó: “¡Vamos, acuéstate conmigo!”. José se zafó de un tirón, pero dejó su manto en manos de ella al salir corriendo.

Cuando ella vio que tenía el manto en las manos y que él había huido, llamó a sus siervos. Enseguida todos los hombres llegaron corriendo.

“¡Miren! -dijo ella-. ¡Mi esposo ha traído aquí a este esclavo hebreo para que nos deje en ridículo! Él entró en mi cuarto para violarme. Cuando me oyó gritar, salió corriendo y se escapó, pero dejó su manto en mis manos”.

Ella se quedó con el manto hasta que su esposo regresó a su casa. Luego le contó su versión de lo sucedido. Potifar se enfureció cuando oyó el relato acerca de cómo José la había tratado y lo metió en la cárcel, pero Dios estaba con José y le siguió mostrando su fiel amor.

Dios hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel. Poco después el director lo puso a cargo de los demás presos. El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.

Una vez más podemos ver cómo Dios recompensa la obediencia de sus hijos, porque Él nunca abandona a quien cumple sus instrucciones. Si propones en tu corazón agradarlo con tus acciones en todo momento, si te mantienes firme en tus convicciones y no cedes a ninguna tentación, siempre tendrás su respaldo y protección.

Cuando te encuentres en una situación similar, recuerda lo que dice 2 Timoteo 2:22  “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. Cuando sientas que eres débil en alguna área de tu vida, pídele a Dios que te ayude, que te de las fuerzas y el dominio propio que a ti te faltan y tome control de tus pensamientos y sentimientos, de modo que huyas de la tentación y ganes esa batalla, no en tus propias fuerzas sino con el poder de su Santo Espíritu.

La falta de una relación personal y una comunión diaria con Cristo son los factores principales para pecar.

¡Mientras más difícil se haga el camino, Dios multiplicará más tus fuerzas y mientras más fuertes se hagan tus pruebas, más grande será tu victoria!

Por: Brisna Bustamante