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Los profetas y la misión integral

Tomado de www.ministros.org

bible-prophet-writingEl profeta Miqueas declaró:

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia,
amar la misericordia,
y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6:8)

Años más tarde, el profeta Zacarías proclamó:

Juzguen con verdadera justicia;
muestren amor y compasión
los unos por los otros.
No opriman a las viudas ni a los huérfanos,
ni a los extranjeros ni a los pobres.
No maquinen el mal en su corazón los unos contra los otros.
(Zacarías 7:9-10)

Los profetas clásicos del Antiguo Testamento, que proclamaron alternativas poderosas durante la época de la monarquía en Israel, se preocuparon por desmantelar estructuras injustas que reducían al ser humano a un objeto, y a la vez construir realidades teológicas que buscaban el bien integral de la persona.

El intento de comprender el mensaje y la propuesta de los profetas clásicos nos exige hacer un acercamiento al contexto histórico-social de los profetas. Ellos no presentaron sus ideas y demandas en un vacío. Sus declaraciones y denuncias surgen de situaciones concretas arraigadas en la historia humana. En cuanto a su contexto histórico, estos profetas vivieron y ejercieron sus “llamados” durante tres épocas cruciales de la historia del pueblo de Dios. En primer lugar los profetas del siglo 8 a.C. se enfrentaron con la crisis de ser atacados por el gran imperio asirio. Los asirios atacaron al reino del norte, denominado Israel, alrededor del año 722 a.C. En esta ocasión, los del reino del norte fueron llevados cautivos por los asirios y dispersados por diversos lugares. El reino del norte nunca más se constituyó como tal. Desapareció para siempre.

En el siglo 6 a.C., el pueblo de Dios sufre su segunda crisis existencial. En el año 587/586 los babilonios atacan al reino del sur, a decir, el reino de Judá. El ejército babilonio incendia a la ciudad de Jerusalén, derriba por completo al templo, y se lleva como esclavo a lo más preciado de la sociedad. Este exilio, que fue anunciado de antemano por los profetas, fue una experiencia traumática para el pueblo. Al ser llevado como esclavo a Babilonia el pueblo pierde su tierra, su identidad, su libertad, su religión, y su razón de ser. Es así que el pueblo de Dios experimenta la muerte en vida. En esta situación de desorientación total algunos profetas proclamaron alternativas de esperanza concretas para un pueblo desprovisto de toda iniciativa.

Finalmente, alrededor del año 538 a.C. el pueblo que vivía exiliado en Babilonia, recibe la noticia de que el emperador persa llamado Ciro había decretado que podían volver a Jerusalén para reconstruir el templo y asentarse nuevamente en su lugar de origen. Años más tarde, Esdras escribe que en aquél momento regresaron unos 52.000 bajo el liderazgo del gobernador Zorobabel y del sumo sacerdote Jesúa. Durante los próximos años se levantaron varios profetas para animar y desafiar al pueblo que había vuelto a un lugar destruido y abandonado.

Los profetas no solamente aparecen en el escenario histórico, sino que también están insertados en una realidad social. Esta realidad social está muy marcada por otros tipos de liderazgos que surgen en el pueblo hebreo. Los profetas se mueven y proclaman en medio de sacerdotes por un lado, y reyes por el otro, que aparecen en la cultura y sociedad hebrea como personas que ostentan el poder y que pueden manipular al pueblo. Por supuesto que en la ley (la Torá) están estipuladas las responsabilidades de cada una de estas instituciones. La ley establecía que estas dos instituciones debían, entre otras cosas, velar por la salud y el bienestar del pueblo. No obstante, esto no ocurrió así. Estos líderes al igual que los denominados “profetas falsos” se dedicaban a oprimir al pueblo buscando el beneficio propio. Ellos, en forma sistemática despreciaron y rechazaron las enseñanzas deuteronómicas que tanto insistían en la responsabilidad de los líderes de buscar maneras de garantizar el bienestar integral de todas las personas.
El sacerdocio como institución en Israel

En los comienzos de la historia del pueblo de Israel, el sacerdocio era ejercido por la cabeza de la familia o de la tribu. El rol del sacerdote se institucionalizó durante la época del liderazgo de Moisés. Este rol tenía en su esencia el poder acercarse a la presencia divina y de ese modo servir de mediador entre Dios y los seres humanos. A su vez es necesario aclarar que el sacerdocio en Israel, era un cargo y no una vocación. En el texto hebreo se habla de que Dios llama a una persona para ser profeta o para ser rey, pero no para ser sacerdote. El sacerdocio era un cargo u oficio que se heredaba. Como tal, esta función se prestaba para la institucionalización y para la tergiversación de su razón de ser.

En el pentateuco se establecen algunas características más específicas tales como el de servir a Dios y ser su ministro. A partir de la designación de la familia de Aarón para el sacerdocio, los sacerdotes debían separarse del resto de las tribus de Israel y de esa manera servir como intermediarios entre Dios y su pueblo Israel. Además, funcionaban como guardianes del santuario, como facilitadores de los sacrificios ofrecidos y como interpretadores de los oráculos. Esta última función se fue diluyendo a la vez que su rol en el sistema sacrificial se iba consolidando.

No obstante, la función que más nos interesa en este ensayo es la de maestro. Esta era una de las responsabilidades principales del sacerdote. Él debía ayudar al pueblo a entender la Torá que era la instrucción de Dios para el pueblo. Esta responsabilidad era crucial ya que el pueblo podía sobrevivir como tal, en tanto y cuanto cumpliera con las demandas y pautas que Dios había entregado a través de la Torá.

La historia del pueblo demuestra que los sacerdotes no cumplieron esta función como debían. El resultado fue que el pueblo de Israel una y otra vez no obedecía la voluntad de su Dios y de esa manera se encontraba reiteradamente en problemas y su existencia como pueblo peligraba de manera continua. Si bien no hay que idealizar el oficio sacerdotal de Israel y reconocer que los sacerdotes eran seres humanos falibles, también hay que escuchar a los profetas que denuncian la irresponsabilidad de los sacerdotes. A ellos Dios les confió la responsabilidad de educar, de guiar y de velar por el bienestar del pueblo. Ese privilegio que Dios les había dado no fue correspondido con un compromiso serio. Fue así que la institución sacerdotal fue perdiendo autoridad y respeto y esto dio lugar a que surgieran reyes y profetas en Israel.

Tomado de www.ministros.org