Los profetas y la misión integral (Parte 1)

Optimized-BibleEl profeta Miqueas declaró:

¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!

Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:

Practicar la justicia,

 amar la misericordia,

y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6:8)

Años más tarde, el profeta Zacarías proclamó:

Juzguen con verdadera justicia;

muestren amor y compasión

los unos por los otros.

No opriman a las viudas ni a los huérfanos,

ni a los extranjeros ni a los pobres.

No maquinen el mal en su corazón los unos contra los otros.

(Zacarías 7:9-10)

Los profetas clásicos[1] del Antiguo Testamento, que proclamaron alternativas poderosas durante la época de la monarquía en Israel, se preocuparon por desmantelar estructuras injustas que reducían al ser humano a un objeto, y a la vez construir realidades teológicas que buscaban el bien integral de la persona.

El intento de comprender el mensaje y la propuesta de los profetas clásicos nos exige hacer un acercamiento al contexto histórico-social de los profetas. Ellos no presentaron sus ideas y demandas en un vacío. Sus declaraciones y denuncias surgen de situaciones concretas arraigadas en la historia humana. En cuanto a su contexto histórico, estos profetas vivieron y ejercieron sus “llamados” durante tres épocas cruciales de la historia del pueblo de Dios. En primer lugar los profetas del siglo 8 a.C. se enfrentaron con la crisis de ser atacados por el gran imperio asirio. Los asirios atacaron al reino del norte, denominado Israel, alrededor del año 722 a.C. En esta ocasión, los del reino del norte fueron llevados cautivos por los asirios y dispersados por diversos lugares. El reino del norte nunca más se constituyó como tal. Desapareció para siempre.

En el siglo 6 a.C., el pueblo de Dios sufre su segunda crisis existencial. En el año 587/586 los babilonios atacan al reino del sur, a decir, el reino de Judá. El ejército babilonio incendia a la ciudad de Jerusalén, derriba por completo al templo, y se lleva como esclavo a lo más preciado de la sociedad.   Este exilio, que fue anunciado de antemano por los profetas, fue una experiencia traumática para el pueblo. Al ser llevado como esclavo a Babilonia el pueblo pierde su tierra, su identidad, su libertad, su religión, y su razón de ser. Es así que el pueblo de Dios experimenta la muerte en vida. En esta situación de desorientación total algunos profetas proclamaron alternativas de esperanza concretas para un pueblo desprovisto de toda iniciativa.

Finalmente, alrededor del año 538 a.C. el pueblo que vivía exiliado en Babilonia, recibe la noticia de que el emperador persa llamado Ciro había decretado que podían volver a Jerusalén para reconstruir el templo y asentarse nuevamente en su lugar de origen. Años más tarde, Esdras escribe que en aquél momento regresaron unos 52.000 bajo el liderazgo del gobernador Zorobabel y del sumo sacerdote Jesúa. Durante los próximos años se levantaron varios profetas para animar y desafiar al pueblo que había vuelto a un lugar destruido y abandonado.

Los profetas no solamente aparecen en el escenario histórico, sino que también están insertados en una realidad social. Esta realidad social está muy marcada por otros tipos de liderazgos que surgen en el pueblo hebreo. Los profetas se mueven y proclaman en medio de sacerdotes por un lado, y reyes por el otro, que aparecen en la cultura y sociedad hebrea como personas que ostentan el poder y que pueden manipular al pueblo. Por supuesto que en la ley (la Torá) están estipuladas las responsabilidades de cada una de estas instituciones. La ley establecía que estas dos instituciones debían, entre otras cosas, velar por la salud y el bienestar del pueblo. No obstante, esto no ocurrió así. Estos líderes al igual que los denominados “profetas falsos” se dedicaban a oprimir al pueblo buscando el beneficio propio. Ellos, en forma sistemática despreciaron y rechazaron las enseñanzas deuteronómicas que tanto insistían en la responsabilidad de los líderes de buscar maneras de garantizar el bienestar integral de todas las personas.

[1]Los profetas clásicos son aquellos que profetizaron y a partir del siglo 8 a.C. cuando Israel ya estaba dividida y era gobernada por reyes. Nuestro trabajo se concentrará en esta época, ya que sería imposible tratar con justicia a todos los profetas del Antiguo Testamento dentro de los parámetros de esta presentación.