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Las cuatro preguntas

Question MarkTiempo atrás estuve en la cárcel. No, no estaba preso, sino que me encontraba visitando a un grupo muy particular de internos que manifestaban un cambio radical en su cosmovisión. El prontuario de cada uno de ellos era un mosaico del crimen: robo, hurto, asesinato, violencia, etc. De más está decir que llegué al lugar con cierto temor a lo que me podía encontrar.

Una vez adentro del complejo penitenciario descubrí que lo que se decía no era totalmente fiel a la verdad… ¡la realidad de una transformación positiva superaba todo lo que había escuchado! Allí estaban presentes casi 2000 presos reunidos para participar del servicio religioso habitual y compartir dos horas con nosotros, un grupo de jóvenes que proveníamos del “mundo exterior”.

En esa ocasión fui elegido por mis compañeros para hablar ante esa multitud. ¡Se imagina! En los minutos previos me preguntaba a mí mismo: “¿Qué decirle a alguien que está tras las rejas?¿Qué oratoria emplear para hablar con personas que están cumpliendo la condena por sus delitos?” En otras palabras, “¿cómo expresar el mensaje cristiano de manera sencilla y práctica?” Fue entonces cuando recordé las cuatro preguntas.







Sin preámbulos ni frases altisonantes, les dije: – “Hay cuatro preguntas que todos nos hacemos alguna vez en la vida con relación a Dios: 1.- `¿Dios me ama?`, 2.- `¿Dios me perdona?`, 3.- `¿Dios tiene poder para ayudarme en mi vida diaria?`” Y continué diciendo: “Las respuestas a estas preguntas están en lo que se ha dado en llamar `Semana Santa`, a saber: 1.- `Sé que Dios me ama porque Jesús murió por mí en la cruz`, 2.- `Sé que Dios me perdona porque allí mismo en la cruz Jesús perdonó al ladrón arrepentido`, 3.- `Sé que Dios tiene poder porque Él mismo resucitó a Jesús al tercer día… ¡Él está vivo!`”

¿Y la cuarta pregunta? Pues bien, la cuarta es la conclusión de las tres anteriores: “¿Qué voy a hacer con Jesucristo, quien me ama, me perdona y me da poder para vivir una vida plena?” Al finalizar mi breve reflexión decenas de presos renovaron su compromiso con Dios, pero también cientos de ellos decidieron convertirse en seguidores de Jesucristo.

Es muy probable que usted actualmente no esté en una cárcel y que jamás tenga que estar preso. Sin embargo, permítame decirle que el amor, el perdón y el poder de Dios están disponibles también para usted, sin importar cual sea su condición económica, social, familiar o espiritual.




Hoy, pues, le invito a despojarse de todo preconcepto y darse la oportunidad de meditar seriamente en las implicancias de recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador.

¡Buen Fin de Semana!

CRISTIAN FRANCO