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La Insensibilidad…

Tomado de www.ministros.org

Optimized-street 336 “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen que comer” (Marcos 8:2)

La insensibilidad es un mal mortal que destruye silenciosamente nuestras almas. Nos vamos acostumbrando a ver y oír tanta desgracia que ya nada nos asombra, nada nos conmueve.  En esta sociedad individualista cada quien vive sin enterarse de lo que ocurre con los demás. Tanto es así que la injusticia nos parece justa y los reveses endurecen nuestros sentimientos haciéndonos inmunes al dolor de los demás.

La expresión de Jesús en la cita está cargada de sensibilidad por la necesidad de la gente. ¿No es esta una lección para nosotros como sus discípulos  a ser sensibles a nuestro entorno? ¿Cómo es posible que haya cristianos que piensen o expresen: “Me da igual” “Eso no es asunto mío”  como que aun mantenemos la actitud de Caín: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” La lección de Jesús es un reto a nuestra naturaleza egocentrista; se compadeció de la gente, les tuvo en cuenta.

Temar Boggs,  un jovencito de 15  años siguió junto a su amigo a un hombre que llevaba en su auto a una niña de cinco años en Lancaster, PA, hasta que el hombre paró y les entregó la niña que fue devuelta a su madre.  Eso es sensibilidad, no midieron la diferencia entre ir en un auto y ellos pedaleando bicicletas; tampoco pensaron si el hombre iba armado, la consigna era librar a la inocente de las manos del sujeto. No hay duda que nuestra sociedad sería un mejor lugar si todos pensaron en el bien de los demás y cómo podemos ayudar al bienestar de otros. En nombre de la privacidad y el individualismo deificamos la insensibilidad y la justificamos con el miedo a la adversidad. ¡Qué pena que no haya más adolescentes como Temar Boggs!

El Señor Jesús fue mas lejos cuando nos refirió la parábola del Buen Samaritano. Tanto el sacerdote como el levita tuvieron la oportunidad de socorrer al herido en el camino pero pasaron de largo. Por cuestiones puramente éticas, religiosas o de seguridad; los anteriores no se detuvieron a socorrer al moribundo. Fue un Samaritano que se tomó todos los riesgos y se comprometió sin medir las circunstancias. Una madre y su niño murieron después de ser atropellados por un conductor irresponsable y nadie se detuvo a socorrerlos a pesar de los gritos del esposo en el lugar. Aunque parezca increíble ocurre en nuestras congregaciones más a menudo que lo que imaginamos. Estamos muy ocupados, tenemos una agenda tan cargada que no escuchamos el clamor de los demás ni sentimos su dolor. Afirmo con todas las fuerzas de mi alma que una de las virtudes del evangelio es sensibilizarnos, hacernos más y más humanos. ¡Shalom!

Tomado de www.ministros.org