Reflexiones

La distracción es un asunto de poco fruto

ocupado-336Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. (Mateo 16:22-23)

La generalidad de los cristianos busca intencionalmente apartarse del pecado. En cambio, no es tan común que busque apartarse de las distracciones, que son tan dañinas como el pecado mismo y mucho más abundantes, pero pueden pasar desapercibidas o hasta tener la apariencia de piedad. Nuestro gran reto es identificar dónde poner nuestros recursos (tiempo, dinero, talento, relaciones) de forma tal que produzcan el mayor fruto para la gloria del Padre. Satanás propone que los pongamos en otra parte, regularmente para la gloria nuestra y nuestra perdición. Distraernos en cosas secundarias, aunque no necesariamente sean pecaminosas, es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto. Satanás aviva en nosotros los deseos de la carne, pero también es el engañador y padre de la mentira (Juan 8:44 RVR: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira»); así como constantemente busca postrarnos ante el pecado para ensuciarnos y evitar que llevemos mucho fruto también busca distraernos y logra con ello el mismo propósito.

La expresión «ten compasión de ti mismo» es una de las ideas más comunes que Satanás pone en nuestra mente para buscar que sigamos nuestra propia agenda y no la de Dios.
Así como el ladrón distrae a su víctima por un lado llenando sus ojos de algo vano o impresionándole con mentiras para robar por el otro lado, lo hace Satanás. Cristo caminaba directamente hacia la cruz, poniendo en ello todos sus recursos para así glorificar al Padre (Juan 17:4 RVR: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese»). En el último momento enfrentó la tentación de buscar su propia gloria haciendo su propia voluntad. Pedro le propuso algo que tenía toda la apariencia de piedad pero evidenció la influencia engañadora de Satanás sobre él en forma de distracción. Paradójicamente, pretendía disuadir al Maestro de ir a la Cruz para salvar su vida de la muerte: ¡Pedro quiso salvar al salvador! Su intención parece ser muy loable pero era totalmente imprudente y contraria al propósito eterno de Dios. La expresión «ten compasión de ti mismo» debe de ser anotada, pues es una de las ideas más comunes que Satanás pone en nuestra mente para buscar que sigamos nuestra propia agenda y no la del Padre. El fin último en la vida de Cristo era la cruz, para la gloria del Padre y el beneficio nuestro, el trabajo de Satanás era disuadirlo, lo hizo tentándolo al comienzo de su ministerio por medio distracciones y lo siguió haciendo hasta el final. La respuesta que recibió de Cristo siempre fue la misma: «apártate de mí Satanás», «escrito está». La nuestra debería ser similar.

Juan 17:4 RVR: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese».

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