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La amistad que Dios quiere que entreguemos hacia los demás

martes 12 de marzo de 2013 – 12:43 p.m. 2371

“En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.” Proverbios 17:17

Araceli empezó a perder peso y a sentir dolores abdominales que la llevaron a ser hospitalizada; le habían detectado un problema intestinal. Pasó por varias cirugías en dos semanas, todo salió bien, pero ella estaba triste porque durante las noches en el hospital había experimentado una gran soledad, lo que fue disipándose poco a poco ante la visita de sus amigos, quienes se turnaban para no dejarla sola y hacían llamadas sorpresas; sobre todo, había un amigo que motivaba a los demás a ser empáticos con ella.

Cuando volvió a su casa a continuar su recuperación, ella sola en casa tenía luchas, porque extrañaba a sus amigos, el servicio en la iglesia, la comunión con los demás de su misma fe, pero ahí también en los momentos menos esperados, recibía la visita de sus amigos, al punto sus padres llegaron a decir: “Ellos si son verdaderos amigos” porque estuvieron pendientes y la ayudaron a superar esta dificultad.

La amistad es una relación afectiva entre dos o más personas que se da en distintas etapas de la vida, nace en medio de inquietudes o gustos comunes y viene acompañada con la lealtad que es la que mantiene viva el apego en medio de circunstancias adversas.

Hay muchas maneras de desarrollar una buena amistad, sembrar el bien, la disciplina, el ánimo, para superar retos. En cambio las malas amistades absorben, desvían y socapan actitudes erróneas y que son de engaño: “¡No se dejen engañar! Bien dice el dicho, que «Las malas amistades echan a perder las buenas costumbres.»” 1 Corintios 15:33 (traducción en lenguaje actual) Pero específicamente cada uno puede evaluar el tipo de amistad ofrece, si es de bien o de mal.

Seguro que has tenido la dicha de tener amigos que te han ayudado como el caso de Araceli, como también te has sentido abandonado/a por los que se decían ser tu amigos en medio de dificultades. Hoy quiero desafiar a que cada uno pueda tomar la actitud debida para ser un buen amigo; perdonar a quién te ha herido o pedir perdón por herir, pero no pierdas la amistad que seguro te costo formar.

Lo bonito es que con la ayuda de Dios, con trabajo e inversión de tiempo se puede reconstruir y fortalecer la amistad.

“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.” – Gálatas 6:9

Por: Soraida Fuentes.