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La Alabanza que agrada a Dios (El poder de la Adoración ¿Qué es?)

Dios quiere todo de nosotros. Dios no quiere una parte de tu vida. Pide todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente y todas tus fuerzas. A Dios no le interesan los compromisos a medias, la obediencia parcial y las sobras de tu tiempo y dinero. Quiere tu devoción plena, no pedacitos de tu vida.

La Biblia dice: “así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a El le agrada, con temor reverente”. A Dios le agrada la adoración en verdad.

La adoración debe basarse en la verdad de las Escrituras, no en nuestra opinión acerca de Dios. Jesús le dijo a la mujer samaritana: “los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren”.

Cuando Jesús dijo que debemos “adorar en espíritu” no se refería al espíritu Santo sino a nuestro espíritu. Fuimos creados a imagen de Dios y por tanto, somos un espíritu que reside en un cuerpo, y el diseño nuestro espíritu para que pudiéramos comunicarnos con el. La adoración es la respuesta de nuestro espíritu al espíritu de Dios.

Cuando Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma” quería decir que la adoración debe ser autentica y sentida, de corazón. No se trata solo de decir las palabras correctas; debes creer en lo que dices. ¡La alabanza que no brota del corazón no es alabanza!

Cuando adoramos, el mira mas allá de nuestras palabras, observando la actitud de nuestro corazón. La Escritura afirma: “La gente se fija en las apariencias, pero yo [el Señor] me fijo en el corazón”. Dios odia la hipocresía. No quiere teatralidad ni fingimiento ni farsas en la adoración.
Quiere nuestro amor sincero y verdadero. Podemos adorarlo con imperfecciones, pero no con falta de sinceridad.

El poder de la adoración

No cabe duda que si asistes a la iglesia ya te has dado cuenta que la mayoría de los servicios comienzan de la misma manera; Todos entonando cánticos de alabanza y adoración a nuestro Dios. Si son cánticos de celebración, observarás a muchos dando saltos, gritando, danzando, aplaudiendo, dando gritos de alegría y más.

Si son cánticos más de adoración y reverencia, observarás a algunos con las manos levantadas, otros de rodillas, otros postrados, otros llorando, etc. Y de repente te has hecho la pregunta: ¿Cuál es la importancia de yo demostrar y expresar mi adoración y mi alabanza al Señor?.

Inclusive hasta lo has hecho pero no sabes lo que eso realmente produce. Quisiera enumerarte algunas de las cosas que se producen cuando tu demuestras tu adoración a nuestro Dios.

Una de ellas es…VICTORIA. La biblia nos dice en 2da de Crónicas capítulo 20 que había un rey llamado Josafat el cual estaba temeroso, junto a su pueblo, ya que ciertos grupos se habían levantado para hacerle frente en batalla. Josafat, como estaba temeroso por sus enemigos, convocó a un ayuno para todo el pueblo y todos juntos comenzaron a humillarse en adoración buscando la guianza y la voz de Dios.

¿Y sabes que? Dios no se quedó callado. El espíritu de Dios vino al profeta Jahaziel y éste profetizó diciendo:¡Escúchenme ustedes, habitantes de Judá y de Jerusalén! ¡Y escúchame tú, rey Josafat! El Señor les dice: “No tengan miedo ni se amedrenten al ver esta gran multitud, porque esta batalla no la libran ustedes, sino Dios. Mañana, cuando ellos suban por la cuesta de Sis, ustedes caerán sobre ellos.

Los encontrarán junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. 17 En este caso, ustedes no tienen por qué pelear. Simplemente quédense quietos, y contemplen cómo el Señor los va a salvar. Judá y Jerusalén, no tengan miedo ni se desanimen. ¡Salgan mañana y atáquenlos, que el Señor estará con ustedes!” . Cuando nos humillamos y mostramos adoración al Señor, Dios mismo es el que pelea nuestras batallas mientras nosotros simplemente descansamos en él.

Otra de las cosas que se producen cuando demostramos adoración y alabanza a nuestro Dios es…ROMPIMIENTO. No sé si conoces la famosa historia de las murallas de Jericó y de como Josué y todo su pueblo durante 6 días estuvieron rodeando las murallas en silencio.

Pero al séptimo día todos gritaron dando voces de júbilo y victoria mientras sonaban las trompetas. Y en medio de toda esta algarabía las murallas de Jericó cayeron y pudieron conquistar la ciudad que ya Dios les había entregado de antemano.

De repente hay algo que sabes que es tuyo y que ya Dios te lo entregó pero sientes que hay un impedimento para poseerlo. Sientes como si hubiese una muralla separándote de eso que es tuyo. Quisiera animarte a que te apropies del suceso que le ocurrió a Josué y su pueblo y simplemente levantes alabanzas y gritos de júbilo y alegría a nuestro Dios para que veas que tarde o temprano esas murallas caerán y podrás apoderarte de lo que ya Dios te ha dicho que es tuyo.

Por último, otra de las cosas que se producen cuando demuestras tu alabanza y tu adoración al Señor es…LIBERTAD. ¿Recuerdas la historia de Pablo y Silas cuando estaban en la cárcel? ¿Recuerdas lo que hicieron ellos mientras estaban encarcelados? Coloquémonos en sus zapatos. ¿Que haríamos usted y yo si hoy estuviésemos encarcelados? Bueno, yo se muy bien lo que yo haría y definitivamente no es lo que hicieron ellos.

Pablo y Silas comenzaron a entonar cánticos de alabanza y adoración a nuestro Dios. ¿Sabes que ocurrió a consecuencia de eso? Las cadenas de todos los presos, o sea no solo de Pablo y Silas sino de todos los presos, se soltaron y todos quedaron en libertad.

¿Cual es la enseñanza detrás de la enseñanza? Muy sencilla. De repente estás luchando con alguna atadura en tu vida y/o de repente tienes seres queridos que están luchando con ataduras. Cuando comienzas a entonar cánticos de alabanza en medio de esa “cárcel” que te tiene prisionero, Dios provocará que no solo tus ataduras, sino las ataduras de tus seres queridos queden rotas para que de esa manera tanto usted como sus seres queridos puedan disfrutar de la libertad que solamente Dios nos dá. ¡Que gran noticia!

Así que te animo a que desde hoy rompas con todos los paradigmas que tengas y simplemente demuestra tu alabanza y tu adoración a Dios como nunca lo has hecho y ya verás que algo cambiará en tí y no volverás a ser el mismo.

Que es la adoración a Dios

El significado de la palabra griega en el Nuevo Testamento traducida más a menudo como “adoración” (proskuneo) es “postrarse delante” o “arrodillarse delante.” La adoración es una actitud del espíritu. Debido a que es una acción interna e individual, los cristianos adoran constantemente, los siete días de la semana.

Cuando los cristianos se reúnen formalmente en el culto, el énfasis aún debe estar en adorar individualmente al Señor. Aún como parte de una congregación, cada participante debe estar consciente de que está adorando a Dios en un plano individual.

La naturaleza de la adoración cristiana es de adentro hacia afuera, y tiene dos cualidades igualmente importantes. Debemos adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Adorar en espíritu no tiene nada que ver con nuestra postura física. Tiene que ver con lo más hondo de nuestro ser y requiere varias cosas.

Primero, debemos nacer de nuevo. Sin el Espíritu Santo habitando dentro de nosotros, no podemos responder a Dios en adoración, porque no lo conocemos. “”Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11). El Espíritu Santo dentro de nosotros es quien vigoriza la adoración, porque en esencia está glorificándose a Sí mismo, y toda verdadera adoración glorifica a Dios.

En segundo lugar, adorar en el espíritu requiere de una mente centrada en Dios y renovada por la verdad. Pablo nos exhorta a “presentar vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:12). Sólo cuando nuestras mentes dejan de estar centradas en las cosas materiales para centrarse en Dios, podemos adorar en el espíritu. Distracciones de todo tipo pueden inundar nuestras mentes cuando tratamos de alabar y glorificar a Dios, dificultando nuestra verdadera adoración.

En tercer lugar, sólo podemos adorar en el espíritu si tenemos un corazón puro, abierto y arrepentido. Cuando el corazón del Rey David estaba lleno de culpa por su pecado con Betsabé (2 Samuel 11), se dio cuenta de que no podía adorar. Sentía que Dios estaba lejos de él, y “gemía todo el día,” sintiendo que la mano de Dios se agravaba sobre él (Salmo 32:34).

Pero cuando confesó su pecado, la comunión con Dios fue restaurada y le brotaban la adoración y la alabanza. Comprendió que “los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; el corazón contrito y humillado” (Salmo 51:17). La alabanza y la adoración a Dios no pueden provenir de corazones llenos de pecados inconfesos.

La segunda cualidad de la adoración verdadera es que es hecha “en verdad.” Toda adoración es una respuesta a la verdad, ¿y qué mejor medidor de la verdad que la Palabra de Dios? Jesús le dijo a Su Padre: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). El Salmo 119 dice: “Tu ley es verdad” (v. 142) y “Tu palabra es verdad” (v. 160).

Para adorar verdaderamente a Dios, debemos comprender quién es y lo que ha hecho, y el único sitio donde esto se ha revelado enteramente es en la Biblia. La adoración es una expresión de alabanza desde lo más hondo de nuestros corazones a un Dios que es comprendido a través de Su Palabra. Si no tenemos la verdad de la Biblia, no conocemos a Dios y no podemos adorar verdaderamente.

Debido a que las acciones externas son secundarias en la adoración cristiana, no existe ninguna regla con respecto a si debemos sentarnos, pararnos, postrarnos, estar en silencio, o cantar alabanzas estentóreamente cuando adoramos corporativamente. Estas cosas deben decidirse basándose en la naturaleza de la congregación. Lo más importante es que adoremos a Dios en espíritu (en nuestros corazones) y en verdad (en nuestras mentes).

La alabanza que agrada a Dios

La palabra “alabanza” y sus derivados aparece en 506 pasajes del AT, de los que 2/3 pertenecen a los Salmos. “Adoración” y sus derivados aparece 170 veces en el AT y 59 en el NT. “Instrumentos de música” aparece 75 veces en la Escritura. La palabra “cantar” y sus derivados aparece 147 veces en la Biblia, la mayor parte en los Salmos. La palabra “glorificar” o “enaltecer” aparece también en innumerables ocasiones.

Mucho se ha escrito sobre la inspiración de las Escrituras a pesar de que es una doctrina que está sustentada, principalmente, sobre un solo texto (2 Tim 3.16). Sin embargo, al tema de la alabanza no se le ha otorgado el mismo estatus, a pesar de que las estadísticas son arrolladoras.

A mi entender, esto nos tiene que dar una pista de la importancia que el pueblo de Dios ha dado, históricamente, a la alabanza, la adoración y la música en el culto al Señor. Además, el libro más largo de la Biblia está dedicado casi íntegramente a la alabanza, los Salmos; incluso aquellos que expresan dolor y pesar contienen notas de esperanza que se fundamenta en el Señor en medio de la calamidad.

La palabra hebrea para “alabar” (hll, hallel), tiene correspondientes en la mayor parte de las lenguas semíticas. En acádico “Alälu” significa entonar un cántico de alegría y en ugarítico, “hll” significa gritar de júbilo.

Dicho todo esto, podemos proponer que la alabanza nos orienta hacia un reconocimiento de la gloria de Dios por su intervención en medio de la humanidad, que nos lleva a elogiarle y a aclamarle de forma permanente con júbilo y alegría. Por ejemplo, el Salmo 118.1 dice: “Alabad a Jehová, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. Salmo 34.1: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca”.

Cuando hablo de alabar a Dios quiero decir que todo el ser personal está involucrado; de ahí las expresiones de alegría que aparecen en muchos textos. Por eso, la alabanza está relacionada con el aspecto emocional de la persona: gritar, cantar, bailar, alegrarse, reír… Se trata de un impulso interno en respuesta a la acción de Dios y es que, cuando alguien nos hace un favor, todo nuestro ser siente, vibra, se alegra, reacciona, se emociona… Por ello, al ser conscientes de la obra de Dios a nuestro favor, de nuestro interior brota el canto lleno de agradecimiento.

De esta manera, cuando la Comunidad se reúne para alabar a Dios, es una fiesta donde se celebra la acción del Señor y el pueblo muestra alegría ante su gracia. Pero, muchas veces no ocurre esto. Me atrevo a decir que, incluso en algunas ocasiones donde la música está presente en los cultos y se entonan himnos o cánticos espirituales, no se está alabando al Señor porque la alabanza es mucho más que cantar; la alabanza te hace consciente de la grandeza del Señor y de la necesidad que tenemos de Él y surge desde el interior. Por eso, la verdadera alabanza debe ser sentida y no solo pensada; debe ser pensada y no solo sentida.

Cuando alabas, piensas y, también, sientes cada palabra, cada frase, cada expresión y cada nota musical, entonces, te emocionas al saberte amado por el Señor y te hace consciente de su presencia. Por eso, alabar no solo es cantar, es pensar, es sentir… El Salmo 30.11-12 nos recuerda “Has cambiado mi lamento en baile… Me ceñiste de alegría; por tanto, a ti cantaré”. Desde la conciencia de la situación personal y de la acción de Dios (pensar), nuestros sentimientos se desbordan (alegría) para rendir homenaje al que todo lo merece.

Podríamos decir que hay tres acciones esenciales de Dios que nos impulsan a la alabanza:

  • Dios consuela: “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado” (Is 12.1). 2).
  • Dios imparte justicia: “Alabaré a Jehová conforme a su justicia, y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo”(Salmo 7.17).
  • Dios hace misericordia: “Cantaré a tu nombre. Grandes triunfos da a su Rey, y hace misericordia a su ungido, a David y a su descendencia para siempre” (Salmo 18.49-50)

Por otro lado, la alabanza es una decisión libre del pueblo de Dios. No hay obligación, es un acto de la voluntad. La palabra hebrea “yadah” incluye este matiz importante y aparece 29 veces en el Antiguo Testamento expresando el deseo y la voluntad de alabar a Dios (Salmo 79.13). Por eso, la idea de la alabanza está relacionada con la espontaneidad, en el sentido de que no puede convertirse en obligación; de ahí que haya textos que nos hablan de alabar a Dios “de todo corazón” (Salmo 86.12-13; 138.1).

En la Escritura, el corazón es la sede de todo nuestro ser: pensamientos, sentimientos, voluntad, intenciones… Por ello, cuando alabamos al Señor con todo nuestro corazón no hay nada que nos distraiga porque todo nuestro ser está centrado en agradecer a Dios su misericordia. No obstante, en muchas ocasiones, podemos observar que mientras cantamos, algunas personas están hablando con otras, se saludan con la mano o con una señal de los ojos cuando llegan tarde al culto y la Comunidad ya está entonando un canto, otros están pendientes de que los niños no hagan ruido e, incluso, hay quien canta mientras busca un texto de la Escritura…; pero eso no es alabar, eso solo es cantar. La alabanza está en otra dimensión. La alabanza tiene que ver con guiar todo nuestro ser para que se centre en el favor de Dios; al alabar de corazón tenemos un encuentro con el Señor y, cuando uno se encuentra con el Señor, no hay distracciones.

Me crié en una iglesia de más de 300 personas en la que no se podía tocar ningún instrumento de música  en el culto y, cuando alguna vez excepcional se tocaba el órgano, había quien dejaba de cantar como medida de protesta. Era la década de 1970. Al pensar en esto me invade una profunda tristeza; en mi interior, tomé la decisión de que si Dios me daba la oportunidad, la iglesia donde estuviera en el futuro no sería así. Ha sido mi experiencia dirigir un grupo de alabanza que representaba más del 10% de la Comunidad; teníamos violín, bajo, flauta, batería, percusión, guitarra, piano, voces… guiando a la congregación. Una experiencia inolvidable que se fundamentaba en glorificar al Señor por su gracia manifestada en Jesús de Nazaret.

Desde esta breve reflexión quisiera animar a los pastores de las iglesias, a los miembros de las distintas Comunidades cristianas…, a dar la importancia que merece la alabanza al Señor porque aquellas iglesias que Tres adoradores de la bibliacentren su atención en la gracia de Dios y decidan rendir homenaje al Dios Creador y Salvador a través de la música y la alabanza, estarán cumpliendo con su deber y serán canales de bendición para cada persona que se acerca al Señor.

Alabar es más que cantar, es tener un encuentro con el Señor que nos impulsa a reconocer su obra a nuestro favor y a alegrarnos a través de la música porque ha llenado nuestro corazón de esperanza. Ésta es la alabanza que agrada a Dios.

Tres adoradores de la biblia

Con el tiempo he podido conocer e identificar a tres tipos de adoradores: 1. El Verdadero Adorador 2. El Falso Adorador 3. El que conoce la adoración. Hay una historia en la Biblia muy conocida que nos ayudara a conocer algunos detalles interesantes sobre estos tres tipos de adoradores, hablo de la historia que narra Juan en el capitulo cuatro, el momento en donde Jesús se encuentra con aquella mujer samaritana y ambos sostienen una conversación que gira sobre el tema de la adoración, aquí van algunas de mis consideraciones:

1. EL VERDADERO ADORADOR.

Una característica es vital para identificar y distinguir a un verdadero adorador, Juan 4:23 “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre…” Aquellos que son verdaderos adoradores saben y conocen hacia quien dirigen su adoración, los verdaderos adoradores enfocan su adoración al Padre.

2. EL FALSO ADORADOR.

Tomando en cuenta el principio anterior que determina a un verdadero adorador, identificar a un falso adorador no sería difícil, basta con conocer hacia quien dirige su adoración. Todo adorador que no dirige y rinde toda su adoración total al Padre, simplemente es un falso adorador.

3. EL QUE CONOCE LA ADORACION.

En este punto invertiré varias líneas para hablar de aquellos que conocen el tema de la adoración, pero que no lo viven. Los que conocen la adoración son como la mujer samaritana, quien en cierto momento de su conversación con Jesús dijo que sus ancestros habían enseñado que era en ese monte donde se debía adorar, pero que al mismo tiempo los judíos decían que era en Jerusalén donde se debía adorar.

Esto me dice que esta mujer era alguien que conocía el significado de la adoración, sin embargo la adoración no era para ella un estilo de vida. Conocía como la adoración debía expresarse, en qué momento y lugar había que adorar, sin embargo su vida no era el ejemplo de un testimonio integro.

El problema con aquellos que conocen la adoración pero que no viven en ella, es que son ese tipo de personas que no han definido su estilo de vida, se encuentran alternando entre lo que el mundo dice que es bueno, pero a la vez se “limitan” pues tienen los suficientes conocimientos bíblicos como para no ir tan “adentro”.

Conocen lo suficiente de Dios y la Biblia como para no ser considerados como inconversos, pero a la vez no intiman lo suficiente como para ser considerados como cristianos ejemplares. Lo explico de otra forma: En cierta oportunidad nuestro pastor general dijo que mientras participaba de un tiempo de oración personal Dios le habló y le hizo esta pregunta: ¿Hijo te consideras el mejor y el más ungido pastor de la ciudad? él, tratando de ser humilde y a la vez honesto respondió: Señor, no lo soy, no soy el mejor, ni el más ungido pastor de esta ciudad. Entonces Dios le hizo otra pregunta: ¿Hijo, entonces te consideras el peor pastor de esta ciudad? Y otra vez, tratando de ser humilde y honesto respondió: Señor, seguro sé que no soy el mejor pastor de esta ciudad. A lo que Dios respondió: Hijo, si no eres el mejor pastor, pero tampoco el peor, ¿Qué eres entonces?

Reflexionando en esta historia, que tal si nos hacemos las mismas preguntas. ¿Nos consideramos los más ardientes y mejores adoradores?, si no lo somos, entonces ¿Somos los peores y mas falsos adoradores que pueden existir?, si nuestra respuesta es también un no, entonces ¿Qué clase de adoradores somos?

La Biblia nos dice que los tibios provocan nauseas a Dios. En nuestra vida con Dios no pueden haber áreas grises, necesitamos definir en qué bando estamos. En nuestra vida como adoradores necesitamos definir qué tipo de adoradores somos, espero que todos tengamos el deseo y el anhelo de convertirnos en esos verdaderos adoradores, que curiosamente aun el Padre todavía está buscando y no caer en la clasificación de esos que tan solo conocen del tema pero que no viven un estilo de vida de relación y adoración total al Padre.