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Este es el amor: que andemos según sus mandamientos

martes 11 de marzo de 2014 – 10:01 a.m. 123

Hace unos siete u ocho años, por la cultura cristiana pasó un fenómeno a toda prisa. Las siglas QHJ estaban en todas partes. Pulseras, gorras, camisetas, lápices… todos llevaban estas tres letras. Era la pregunta popular que uno había de hacerse al enfrentar un dilema: «¿Qué haría Jesús?»

En los años que siguieron, el lema evolucionó a medida que muchos grupos decidían anunciar su propio interés del momento. Preguntaban: «¿Qué auto manejaría Jesús?»‚ «¿a qué le pondría Jesús impuestos?» e incluso «¿qué comería Jesús?» (sin mencionar «¿en qué se especializaría Jesús?» y «¿qué páginas web visitaría Jesús?»)

Pero como seguidores de Jesús que estamos luchando por vivir de una manera que agrade a Dios, no siempre tenemos que preguntar qué es lo que haría Jesús. La mayoría de las veces ya lo sabemos. En vez de ello, ¿no debería más bien nuestra pregunta ser: “¿Qué querría Jesús que yo hiciera?”

Esto es lo que sabemos por los mandamientos dados en la Biblia. Debemos:

* Decir la verdad (Proverbios 12:22).
* Amar a Dios y amar a las personas (Mateo 22:37-40).
*  Compartir de Jesús con todo el mundo (Marcos 16:15).
* Dar con gozo (2 Corintios 9:7).
* Obedecer a Dios (Juan 14:15,21,23; 2 Juan 6).
* Tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros (Lucas 6:31).
* Perdonar a los demás (Mateo 6:12; Marcos 11:25-26).
* Amar a nuestros enemigos, bendecirlos y orar por ellos (Lucas 6:27-29).
* Honrar a nuestros padres (Efesios 6:1-3).
* Ayudar a los que están en necesidad (1 Juan 3:16-19).

Esta lista no abarca todos los mandamientos que Dios ha dado para ayudarnos a tomar decisiones correctas. Mientras mejor conocemos a Dios y su Palabra, mejor equipados estamos para saber lo que Él quiere que hagamos. Cuando estemos dispuestos a dejar de lado nuestras inclinaciones naturales, Dios nos revelará su dirección. Poner a Dios en primer lugar cada día no es algo que se da automáticamente. Es una decisión consciente.

Siempre es bueno pensar en lo que Jesús haría en una determinada situación, pero ¿por qué no darle seguimiento a esa pregunta con una oración: «Señor, ¿qué quieres que haga hoy?»