¿Eres un grano de arena…o una estrella más del cosmos?

Tomado de www.ministros.org

estrella Optimized336xCDel corazón de la reina Ester

Seguramente has oído mi nombre; quizá conoces mi historia, pero dame la oportunidad de contártela otra vez. Para hablarte de mí, quiero mostrarte mi vida de dos maneras.
Primero, imagina que tienes un microscopio. Esos aparatos modernos para ver de cerca un grano de arena. Eso era yo. Un grano de arena. Una hormiga más del hormiguero. Una hoja más del árbol. Una estrella más del cosmos.

Eso significa mi nombre: Estrella. No tuve una infancia feliz. Perdí a mis padres de niña. No crecí con los cuidados de una mamá, ni siendo consentida por un papá. Pero Dios tuvo a bien darme a mi querido primo Mardoqueo, quien me crió como a su propia hija.

Crecí en Susa, la capital de Imperio de ese tiempo. Supongo que sería como nacer hoy en Nueva York o en Washington. Pero yo era una niña más. Un grano de arena. Una hormiga del hormiguero. Una hoja de un árbol. Una estrella del cosmos.

No hice nada especial por mí misma, pero Dios me dio 3 regalos.
1. Nacer en el pueblo escogido de Dios.
2. Obtener gracia con los demás.
3. Ser útil en el momento oportuno.

Pero ahora toma el telescopio. Ese aparato que se usa para observar el universo y ver millones de estrellas. Mientras yo crecía, muchas cosas pasaban. Estados Unidos aún no existía. En ese entonces, el país más rico y poderoso era Persia, donde yo vivía. Israel, mi país, ya no existía propiamente.

Los judíos vivíamos dispersos por todo el Imperio. Los gentiles, o no judíos, no nos querían. Éramos raros porque no adorábamos a muchos dioses, sino a uno solo. No comíamos carne de cerdo o de otros animales inmundos. Vestíamos diferente, hablábamos nuestra lengua, y llorábamos al recordar nuestras desgracias.

Supongo que a muchos hasta se les olvidaba que existíamos, menos a un hombre llamado Amán. Todo empezó años antes de que yo naciera. Cuando Israel aún era un país con judíos, hubo un rey llamado Saúl. Un día, Dios le dio la orden de que atacara al pueblo de Amalec quienes, cuando salimos de Egipto, apenas cruzado el Mar Rojo, ¡nos atacaron! Dios quería que Saúl destruyera al pueblo.

El rey Saúl peleó contra ellos, pero no mató a todos los animales, ni al rey. El rey se llamaba Agag. Dios se enojó mucho contra Saúl, y finalmente Agag murió en manos del profeta Samuel. Pero los hijos de Agag, por lo menos uno, sobrevivió. ¿Sabes quién era? ¡Amán!

Amán nos odiaba. Tal vez porque destruimos a su pueblo. Quizá porque Satanás llenó su corazón de rencor para que nos hiciera daño. Pero esa es la imagen telescópica de la playa, el hormiguero, el árbol y el cielo estrellado. Mientras yo crecía y jugaba con mis muñecas, Amán se preparaba para destruir a los judíos de ¡todo el mundo!

Con el telescopio podemos ver que hay una lucha constante entre Dios y Satanás. Pero Dios siempre gana. Con el microscopio podemos ver que una huérfana como yo, un grano de arena, una hormiga del hormiguero, una hoja del árbol, una estrella más, puede ser usada por Dios para hacer cosas grandes, del tamaño del universo.

¿Eres un grano de arena, una hormiga más del hormiguero, una hoja más del árbol o una estrella más del cosmos? Aún así, Dios tiene un plan especial para ti.

Tomado de www.ministros.org