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Cuando tienes todo y no tienes nada

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Anne Marie Graña, hija de la Miss Perú de 1953, Mary Ann Sarmiento, y miembro de una de las familias más ricas de Perú, cayó en el mundo de las drogas, estuvo en la cárcel, pero fue allí pudo encontrar el amor que nunca tuvo. No un amor pasajero, sino el amor puro y perfecto de Jesús que transformó su vida por completo.  Su testimonio es narrado en su libro “Atrévete a Creerle”.

La obra, es un libro cautivante donde en cada página Anne Marie Graña, hija del empresario pesquero Rafael Graña Elizalde, relata cómo una vida, que estaba destinada al fracaso, la perdición y la muerte, pudo ser cambiada y transformada por Cristo, con la ayuda de los hermanos de la Misión “Camino de Vida”, dice en su reseña.




Quienes la vieron, fuerte y atractiva, en la presentación del libro, no podían creer que era la joven que cayó en las garras del vicio a los 14 años, durmió en la calle durante meses, fue encarcelada hace 30 años por cómplice de un asalto y fue sanada de un cáncer pulmonar y al cerebro, con la ayuda sobrenatural de Dios, agrega la reseña.

A muy corta edad, Anne Marie afrontó la separación de su familia. Su madre se fue a radicar a Estados Unidos junto con sus hermanas. Su padre no podía pasar mucho tiempo con ella debido a sus negocios. En el colegio (estudiaba en un internado) tuvo su primer contacto con la marihuana. Luego, unos amigos la indujeron a probar cocaína.

thCon el tiempo, debido a la soledad en que vivía, el dinero que no le faltaba y los malos amigos que la rodeaban, se sumergió en el vicio de una manera tal que su familia, escandalizada con sus actos, optó por darle la espalda. Anne Marie se enamoró del guitarrista de un grupo de rock, que también era drogadicto. Vivieron juntos un tiempo, hasta que quedó embarazada y el músico huyó.







Una noche, cuando acompañaba a un amigo a comprar drogas en una calle del barrio La Victoria, se vio envuelta en el asalto a un taxista. Era la época del gobierno militar de Velasco y las autoridades miraban a las familias adineradas como una especie de cáncer que debía ser exterminado. Su caso fue presentado como un ejemplo de la decadencia moral de la juventud rica y famosa del Perú.

El juez que vio su caso, tenía un hijo drogadicto y creyó que castigando a Anne Marie sancionaba también a los traficantes de drogas. Fue sentenciada a 10 años de cárcel.

En la prisión, Dios la llamó. “Fue de manera casual. Oí a unas internas cantando y orando en el patio y me acerqué a ver qué pasaba. De pronto, al poner atención a la letra de las canciones y fijarme en las lecturas, sentí que hablaban de mí y de mis problemas. Era la primera vez que alguien me entendía y me decía que había un camino y que Dios me amaba”, relató.

Su conversión no se dio de un día para otro. Hubo muchas caídas y retrocesos. Fue enviada a un penal de Tacna, en el extremo sur del país, que por entonces funcionaba también como hospital mental.

“Por esos días mis depresiones aumentaron, pero una noche de 1981, mientras leía la Biblia, vi un mensaje que decía que las puertas se me abrirían y empezaría una nueva vida. No lo podía creer. ¿Cómo ocurriría esto?, me pregunté. La respuesta vino al día siguiente, cuando me comunicaron que había sido indultada por el presidente de esa epoca”, narró.

Una vez libre, Anne Marie, por intermedio de unos pastores, consiguió su primer trabajo en Lima y más tarde viajó a Colombia y a Estados Unidos, donde intensificó su actividad cristiana. En 1997, los médicos detectaron que tenía cáncer pulmonar. Le aseguraron que le quedaban pocas semanas de vida. Pero Dios hizo un “milagro”, afirmó.

Anne Marie Graña es un milagro viviente que se dedica a llevar ayuda y un mensaje de esperanza a través de la Fundación Maná.

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