Home » Reflexiones Cristianas » Corazón valiente

Corazón valiente

trofeo cristianoEl carácter es uno de los elementos fundamentales en la vida del cristiano. Para nadie es un secreto que resulta increíblemente fácil esconder a un cobarde detrás de bonitas y profundas palabras; pero qué complicado es formar en el lugar más secreto de la persona aplomo y firmeza en su carácter.

La palabra carácter quiere decir “marca”. Es esta la que se encarga de definir a una persona junto con sus actitudes y principios. De tal forma que un sujeto de carácter es aquel que ostenta una completa fidelidad a sí mismo; firmeza en esa fidelidad y camina bajo una sola dirección de vida. Se deduce entonces que un sano carácter cristiano es aquel que tiene como fundamento la fidelidad a Cristo que vive dentro de nosotros y firmeza en esa fidelidad. En suma una existencia completamente orientada en vivir por y para Él.

Encontramos como fundamento a la afirmación del carácter de Cristo formado dentro nuestro en Gal 4:19. Este concepto implica una sana personalidad Cristo-céntrica, como más alto y elevado propósito en la vida. Para este mandato no existen barreras de ningún tipo; ni de cultura, ni educación, estatus social, edad, raza, color de piel ni mucho menos conocimiento. Todos estamos llamados a trabajar en nuestro ser interior para que sea formado en la vida el poderoso carácter cristiano.

Tengo una absoluta pasión por la vida del Rey David. Me resulta un personaje bíblico maravilloso, completo, impactante, pero en esta oportunidad quiero mencionarle sólo de paso pues la historia que he de rescatar, es la del leal y buen guerrero Urias. Un hombre fiel a sus principios y con un corazón ardiente por servir.

Puedo suponer que era una buena mañana, tal vez de sol, el suficiente como para que una mujer escoja bañarse fuera de casa, a la vista aparente de una ciudad deshabitada por tratarse de un momento en el que todos los varones se encontraban combatiendo fuera de la ciudad; pero sin contar que en el terrado del palacio real se encontraba un Rey bastante ocioso. Desde allí era posible apreciar casi toda la cuidad; entre calles angostas, pintorescas tiendas con olor a especias, y el constante revuelo por el crecimiento económico a causa de las continuas victorias logradas por un rey, del que nadie podía dudar que Dios le acompañaba.

Esa mañana ocurrió lo que nunca debió haber sucedido; el ungido Rey vio a la esbelta joven que se bañaba en el patio de su casa. La figura de aquella mujer se selló en su retina, llevándole esto a ser poseído por una descontrolada pasión hacia ella. La hermosa mujer que llevaba por nombre Betsabé, sería la causante del fuerte e incontrolable deseo del Rey por poseerla y posteriormente concebir con ella una vida, creando dentro de sí la necesidad de eliminar toda evidencia de su pecado. Pensó en primer lugar el Rey en dar muerte y así liberarse del esposo legítimo de su amante, pues este le resultaba el principal estorbo a su desbocado amor con la mujer ya encinta.

En este punto interviene el protagonista de nuestra historia, Urias. Su nombre en hebreo se encuentra compuesto por dos vocablos: uri-yah, es decir: ardiente-Jehová. Al traducirse nos da la definición de “llama ardiente de Dios”. Este era un hombre sencillo, que gracias a ese corazón que permanecía constantemente encendido se convirtió en un guerrero con fuego permanente en su interior. Fue un líder en tiempo de guerra; es más, dice la historia que llego a ser uno de los tan conocidos por nosotros “valientes del ejercito de David”. El Rey sabía que en el interior del corazón de este hombre ardía la pasión de lucha por el honor a un Dios poderoso. Por lo tanto, es a nosotros a quienes ha de formarnos el carácter extraordinario de un hombre que a simple vista parece actuar como si su máxima de vida fuese lo escrito por el profeta Isaías, muchos años atrás, cuando afirmaba: “porque me ungió Jehová, me ha enviado (…)” Is 61:1.

La historia donde se exhibe el carácter de este valeroso hombre tiene como punto de partida las actitudes ilegitimas del Rey, quien decidido, determinado y enloquecido, planea toda una estrategia para deshacerse de él. David decide llamarle del campo de batalla con el propósito de tenderle una trampa y tomar como propio al niño concebido en pecado con Betsabé. Resulta interesante observar cada una de las actitudes de Urias, al que se le propone intimar con su esposa al tener la oportunidad de pasar la noche con ella, descansar unas horas de la agobiante batalla, una comida caliente y una cama limpia y cómoda. Evidentemente eran cosas por las que muchos de los que se encuentran en batalla hubiesen dado su vida.

Ahora querido amigo, quiero que pienses por un momento en cuantas pequeñas cosas en la vida cobran fuerza tomando un rol protagónico, de acuerdo a la circunstancia por la cual se está atravesando. Este tipo de elementos en otras condiciones son casi imperceptibles y carentes de importancia; la caricia de un ser amado, una llamada telefónica, el abrazo de una madre, una palabra que te afirme y te dé a entender lo mucho que alguien cree en ti, en fin, un sin número de eventos que en instantes específicos aumentan su valor y alcanzan un intenso poder de influencia sobre nuestras vidas.

A pesar de la llamativa propuesta hecha por el Rey a Urías, este con la mayor sinceridad de su corazón y siendo fiel a sus principios y convicciones, decidió antes de ir en pos de su bienestar y comodidad; defender aquello que Dios le había encargado proteger, demostrando así que su carácter era el de un soldado leal y confiable, pues tenía claro que mientras sus compañeros y el arca se encontrasen en la batalla, su deber siempre iba ser permanecer integro luchando.

Debo decirte que en ocasiones Dios permite que acontezcan determinadas circunstancias en nuestra vida con el propósito de evidenciar con ellas la verdad de nuestro corazón. Mi amigo, la madurez requerirá siempre, realizar un examen constante de nosotros mismos. Como es bien sabido no tenemos la capacidad de conocer nuestro propio corazón, así que en momentos de dificultad siempre debemos ser cuidadosos de calibrarlo con el de Dios, examinándolo a la luz de su Palabra.

Hemos dicho que el carácter se evidencia por la fidelidad a los principios de Dios implantados en nuestra vida, de tal forma que al igual que el protagonista de nuestra historia, Urías -el guerrero valiente-, no debemos ser movidos ni por nuestros sentimientos, ni mucho menos por nuestra necesidad; cuando decidimos seguir a Jesús solo su voluntad y sus planes deben ser el motor de nuestras decisiones. Es tiempo de ser aquellos hombres y mujeres con corazones ardientes y apasionados, llenos de convicciones profundas de quién es Dios y de su Palabra; de ser así, ni las tormentas más recias nos harán renunciar. Dios es suficiente en sí mismo para cumplir cada palabra que nos ha prometido, recuerda que en Él, somos más que vencedores. Tu lucha se convertirá en tu trofeo de guerra.