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Como superar las tormentas de la vida

preocupacion-600“Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud le tomaron como estaba en la barca” Marcos 4:35-36
Aquí el evangelio nos presenta un escenario que no es extraño a ninguno, porque ¿Quién no ha estado en medio de una tormenta? Aun cuando los discípulos no ignoraban las posibilidades estaban en la disposición de obedecer la orden del Maestro. Nosotros, como ellos tenemos, la tendencia a poner los ojos en las olas y los vientos que nos amenazan y olvidamos dos factores de seguridad: La Palabra y La Presencia de Jesús con nosotros.


La descripción del evangelista es que “se levantó una gran tempestad” cosa que era común en aquella región. ¿Cuántas veces no hemos sufrido la misma experiencia? Súbitamente nuestra plácida travesía se vuelve amenazante, nuestras circunstancias se tornan adversas y somos víctimas del pánico. Carecemos de poder sobre la adversidad pero sí podemos mantener la ecuanimidad sino perdemos la visión de los factores de seguridad: La Palabra y La Presencia. El mismo Señor que nos invita a bogar con Él, prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin. Lamentablemente la adversidad pone a prueba nuestra fragilidad. Fuimos advertidos “en el mundo tendréis aflicción” pero no es agradable sufrir una tormenta. Es desconcertante atravesar por situaciones que ponen en peligro nuestras vidas y todo lo que amamos.


Desesperados por la situación los discípulos buscaron a Jesús quien dormía en la popa del barco como si no sintiera los vientos o la furia de las olas. Se acercaron al Maestro con una declaración fatalista “ ¿no tienes cuidado que perecemos? Obviamente habían olvidado cual fue la palabra dada por Jesús “Pasemos al otro lado” eso no quiere decir que no habrá tormenta en el camino pero no podrá destruirnos porque la meta es llegar al otro lado. Turbados e intimidados por la crisis se olvidaron que tenían a su lado al que había mostrado ante ellos su poder y señorío por lo que no tenían nada que temer. Una vez todo en calma hay dos preguntas básicas: ¿Por qué tienen miedo? ¿Dónde está vuestra fe? Y asombrados por el milagro se cuestionaban ¿Quién es este que aun el viento y el mar le obedecen? No fuiste llamado a perecer en la tempestad sino a llegar al otro lado, y ninguna arma forjada contra ti prosperará. Recuerda siempre la Palabra y no ignores la presencia del Señor Jesús. Recuerda en medio de tu situación que no estás solo, y no permitas que el miedo te paralice; Tú puedes llegar no importa la adversidad porque “Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).  Solo levanta tu mirada por sobre la tempestad y no pierdas de vista tus factores de victoria: “La Palabra y La Presencia”: y llegarás al otro lado.
¡Shalom!