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¿Cómo hago para llevarme bien con mis padres?

lunes 20 de enero de 2014 – 07:05 p.m. 63

Es una pregunta que todos nos hicimos en algún momento. Sobre todo si alguna vez pasamos por una bronca con nuestros padres, por algún desacuerdo etc. Cosa que el 99.9% de los jóvenes pasó en algún momento.

“¿A dónde vas? ¿Con quién vas a estar? ¿A qué hora vuelves? ¿Por qué hiciste eso así?” Son preguntas que están en las familias cristianas y no cristianas. En la casa de los pastores, en la casa del mejor alumno de la escuela, en la casa del vecino. Todos, tienen que rendirle cuenta a sus padres.

Según leí en Especialidades Juveniles una vez, para tener una buena convivencia con tus padres hay algunas recetas básicas. Como por ejemplo :

Ser sincero con ellos, y poder contarle las cosas importantes de tu vida.
Pedir sus consejos, hace que siempre respondan con la mejor de las sonrisas y que puedan acercarse a ti sabiendo que de alguna manera los necesitas y los respetas.
Ganarte su confianza con cosas como atender el teléfono, llegar a horario y esas cosas que a veces nos cuestan tanto.
Escúchalos con lo que tengan para decirte, aunque pienses que ya sabes la respuesta, y que ya sabes como actuar. Ellos tienen algunos más años que tu y puede ser que sepan algunas cosas más.

De estos pocos consejos que son los que más recuerdo, creo que he puesto en práctica varios de ellos y me dieron un buen resultado.

A decir verdad a veces parece que vivimos en dos mundos diferentes con nuestros padres, quizá por la diferencia de edad, o por el simple hecho de que nos molesta que haya alguien que “sepa más que nosotros” y que quedemos completamente anulados en nuestros puntos de vista.

Pero no tiene porque ser así, ellos te están formando y algún día será tu momento de decidir solo, de tener toda la responsabilidad completa de donde ir, cómo, cuándo y con quién.

Hubo una amiga en mi secundaria que tuvo que vivir esta etapa muy pronto. Su mamá era una madre soltera y la dejaba hacer, y decir lo que quisiera. Al poco tiempo que había comenzado el año, ella ya había ido a todos los clubes de noches que había en la zona, a todas las fiestas y lugares que nadie más podía/iría.

Era como la “héroe” del grupo, ya que había vivido tantas cosas y tenía esta madre tan “cool” que le permitía hacer y deshacer como quisiera.

Hasta que un día casi entre lágrimas nos confesó que ya estaba cansada que su mamá nunca le dijera que NO. Y que a veces solamente iba a ciertos lugares para llamar su atención, aunque no funcionaba.

Ninguno de nosotros supo lo que realmente pasaba por su corazón, ni como estaba sufriendo sus malas elecciones, pero si supimos atesorar, por primera vez, el hecho de que alguien sea tan “molesto” que decidiera cuidar nuestra espalda, hasta que lo podamos hacer por nosotros mismos.

Espero que hoy eso te pueda servir para apreciar lo que tienes, y que la próxima, aunque sea tedioso, puedas ser un poco más paciente con esos lindos “viejitos”.

Por: Yasmin Teme