Inicio Reflexiones Cristianas Aumenta número de estadounidenses que votarían por un presidente ateo

Aumenta número de estadounidenses que votarían por un presidente ateo

ateos_opt
Photo: Pixabay

En Estados Unidos, a través de generaciones, los ateos se han enfrentado a la mayor resistencia de los votantes. Esto, a pesar de que la constitución garantiza que no se debe preguntar sobre la preferencia religiosa para ocupar un cargo.

Sin embargo, una nueva encuesta de Gallup ofrece refleja que esto está cambiando.

El porcentaje de estadounidenses que votaría por un candidato ateo calificado para presidente ha alcanzado el 58%, que 4 puntos más de lo que era en 2012, y  40 puntos más que en 1958. En ese año, apenas 18% de los estadounidenses podía soportar la idea de un presidente ateo.




El número de aquellos que se niegan a votar por un candidato ateo también ha caído de donde estaba en 2012, del 43% al 40%.




Aún así, no se puede negar que el ateísmo de un candidato hipotético sigue siendo un obstáculo importante en el ámbito electoral, aunque ya no es la pared impenetrable que solía ser.

Una importante encuesta por el Centro de Investigación Pew reveló recientemente que los estadounidenses no afiliados a alguna religión, también conocidos como “nones”, tuvo por primera vez un crecimiento significativo hasta convertirse en el segundo mayor grupo de identificación religiosa en el país, superando a los católicos, y saltando de aproximadamente 16 % en 2007 al 23% tan sólo siete años más tarde.




Más de un tercio de la generación del milenio son “nones”, y muchos de ellos abandonaron las tradiciones formales de fe.

Por supuesto, ser “nones” no los hacen iguales a los ateos, pero los no afiliados son mucho menos propensos a ver la política pública, o los candidatos políticos, a través de un lente religioso.

Por esta razón ellos estarían más inclinados a apoyar algo en principios seculares, basados en la evidencia, y a ser mucho más abiertos a la idea de un candidato que ha evitado la religión por completo.

Aunque los ateos siguen siendo una pequeña minoría, la religión tradicional está, sin duda perdiendo el control político.