En mi auto, manejo yo

“Los limpiaparabrisas recorrían el cristal, pero me costaba mucho trabajo visualizar el panorama. ¿Debía pasarle el control a mi papá? ¡No! Era mi auto. ¿Quién, sino yo, sabía a dónde ir y por qué…?”


El tránsito ligero de la tarde me animaba a acelerar y no desaproveché la invitación. Noté la tensión de mi padre, pues se sujetó del asiento y verificó que su cinturón de seguridad se hallara bien afianzado.


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