Dios le busca

En una región montañosa del Kurdistán, todavía reina la costumbre de la “venganza de la sangre”. Durante una pelea, un hombre mató a otro y enseguida se fugó, persuadido de que el hijo de la víctima quería vengar a su padre.


Y efectivamente, éste se puso sobre la pista del asesino. La presecución duró varias semanas, hasta el día en que el fugitivo, agotado y hambriento, se durmió de cansancio, sin haber hallado un escondrijo seguro.


Se despertó sobresaltado al sentir una mano sobre su hombro. Entonces capituló diciendo: “No doy más, ya no puedo huir, mátame ahora mismo; es lo que merezco”.


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Dios le busca

En una región montañosa del Kurdistán, todavía reina la costumbre de la “venganza de la sangre”. Durante una pelea, un hombre mató a otro y enseguida se fugó, persuadido de que el hijo de la víctima quería vengar a su padre.


Y efectivamente, éste se puso sobre la pista del asesino. La presecución duró varias semanas, hasta el día en que el fugitivo, agotado y hambriento, se durmió de cansancio, sin haber hallado un escondrijo seguro.


Se despertó sobresaltado al sentir una mano sobre su hombro. Entonces capituló diciendo: “No doy más, ya no puedo huir, mátame ahora mismo; es lo que merezco”. Entonces el hijo de su víctima le dijo: “Escúchame, no te perseguí todo este tiempo para vengarme, sino para decirte que soy cristiano. He aprendido lo que es el perdón. Ven, vuelve conmigo y vivamos en paz”.


En este mundo muchas personas son como ese homicida. Conscientes de haber ofendido a Dios con sus pecados, quieren ocultarse y nada tener que ver con él. Pero Dios no los abandona; Él quiere encontrarles no como Juez, sino como Salvador.
Ofrece su perdón a todos los que sienten la necesidad de ello y aceptan que la “sangre de Jesucristo su Hijo, nos limpia de todo pecado”.


Dios quiere liberar a cada ser humano del peso de su culpabilidad y de su temor a un justo juicio.


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