Misión en los Salmos

Tomado de www.cristianos.com

Optimized-Bible¡Exáltenlo todos los pueblos!
¡Grande es su amor por nosotros!
¡La fidelidad del Señor es eterna!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Este salmo pequeño y breve presenta dos elementos clave referente a una reflexión sobre la presencia de una actitud misionera en el libro de los Salmos.  En la segunda parte de este verso se nota una afirmación que es más personal y se refiere al pueblo de Dios, es decir, a lo que el salmista llama “nosotros”.  Dios tiene un gran amor por su pueblo y le es siempre fiel.  Dios se ocupa y se preocupa por su rebaño.  No obstante, y simultáneamente, el poeta invita a que todas las naciones y todos los pueblos alaben al Señor.  La intención de esta breve poesía es proclamar que ese amor (jesed) tan grande y esa fidelidad del Señor no es solamente para un pueblo, sino para todas las naciones y pueblos[3] que habitan la creación de ese mismo Dios.

Cuando uno analiza los salmos en busca de una propuesta misionera, uno descubre que a lo largo de todo el salterio existe este binomio: pueblo de Dios // naciones, pueblos.  La mayoría de los exégetas de la poesía hebrea que está presente en el libro de los Salmos no ha tratado el tema de misión en estos poemas.  Tampoco los expertos en misionología han encontrado en los salmos una fuente de inspiración fecunda para sus propuestas misionológicas.[4]  No obstante, más allá del peligro de encontrar lo que uno está buscando, creo que los salmos contienen algunas enseñanzas y propuestas para lo que se puede denominar una misionología bíblica.  Dicha propuesta está intimamente relacionada con la realidad personal del salmista y con la realidad de naciones y pueblos que disfrutan de los privilegios y las responsabilidades de una relación pactual con Dios.

Es de común conocimiento que los salmos bíblicos expresan el sentir de personas en relación a diversos ámbitos de la vida.  A través de esta literatura descubrimos al ser humano hablándole a Dios.  Así como mucha de la revelación bíblica es Dios hablándole al ser humano, en los salmos encontramos a personas que se dirigen a Dios de diferentes maneras.  En algunas ocasiones la poesía  resuena con la alegría de la alabanza.  En cambio en otras retumba con sonidos de desesperación humana.  Pero a través de todo el salterio es posible descubrir que la manera de expresarse del poeta es franca, transparente y sin prejuicios.  De pronto, para el poeta, Dios es el único objeto de toda su alabanza.  De pronto, el mismo Dios es su enemigo, el que causa su dolor y tristeza.  Esta franqueza con que el salmista se dirige hacia su Creador, es la misma que está presente en su preocupación misionológica.  Su interés no se limita a su propia realidad, que sin duda necesita ser transformada, sino que incluye también la realidad de los otros.  El análisis que presentaré a continuación estará permeado por esta libertad de expresión del poeta.  El salmista es pasional y cree en el cambio, en la transformación y en la posibilidad de una realidad diferente para él, para su pueblo y también para las naciones que no tienen un conocimiento del Dios del pacto.

Algunas propuestas misionológicas en los salmos

Es muy probable que los poetas jamás hayan pensado en categorizar sus ideas, pensamientos e imágenes.  No obstante, para que podamos clarificar algunas ideas que están presentes en una antología tan rica en ideas y propuestas, miraremos algunos de los temas que surgen y que tienen relación con una propuesta misionológica.

La universalidad de la soberanía de Dios

La universalidad de la soberanía de Dios es uno de los temas más preponderantes en todo el salterio.  Cuando el salmista exclama “¡Cuán imponente es el Señor Altísimo, el gran rey de toda la tierra!”  y continúa diciendo “Dios es el rey de toda la tierra; por eso cántenle un salmo solemne.  Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono.  Los nobles de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham, pues de Dios son los imperios de la tierra.  ¡Él es grandemente enaltecido!”, (Sal. 47:2, 7-10) está afirmando que el dueño absoluto de toda la creación y de todos los reinos humanos es Dios, el creador por excelencia.[5]

Este tipo de exclamaciones de júbilo de parte de los poetas ha llevado a algunos estudiosos de los salmos a sugerir que el tema teológico central que de alguna manera une y entrelaza a todos los salmos es: “Yavé reina” (Yhwh malak).[6]  Esta pequeña frase cuya traducción es muy debatida[7] declara que Yavé no solamente reina, sino que es el dueño de todo lo que existe y por ende tiene derecho absoluto sobre la tierra y sus habitantes.[8]  Dicho concepto es realmente revolucionario para el mundo antiguo.  Los dioses de las distintas naciones vecinas de Israel, son dioses que están limitados en términos geográficos.  Su poder y jurisdicción no van más allá de los límites geográficos que delimitan una nación.  La declaración de que hay un Dios cuyo poder no está restringido por fronteras humanas es de por sí una afirmación misionológica radical.  La soberanía y señorío del Yavé que reina es absoluta y abarca a toda la creación.  Esto tiene por lo menos dos implicaciones significativas.  En primer lugar, el Dios de Israel, el pueblo del pacto, no es patrimonio exclusivo de Israel.  Si bien es verdad que Yavé ha decidido utilizar al pueblo de Israel como un instrumento para ser de bendición a todas las naciones, Israel no puede reclamar derechos absolutos sobre la deidad.  En segundo lugar, esto señala que todo lo que significa Dios, es decir, todo lo que Él es, está al alcance de todas las naciones.  Dios, a través de su soberanía universal, se convierte en un recurso inagotable para toda la creación.  Esta realidad articulada en los salmos tiene una repercusión misionológica notable, en especial si se considera la frase del poeta cuando declara que los líderes de los distintos pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham para enaltecer al único Dios.  El hecho de que Dios en su soberanía absoluta sea el Dios de los imperios de la tierra sugiere fuertemente que esto debe ser proclamado a todo aquél que aún no lo sabe o no lo entiende.

Justicia y misión

El concepto de misión en la poesía hebrea es un concepto que abarca todos los ámbitos de la vida.  La misión no se entendía en términos fragmentarios, sino en términos holísticos o integrales.  En este sentido, la presencia de una comprensión adecuada de justicia cobra importancia.  La construcción de una realidad de vida y esperanza no puede llevarse a cabo sin la presencia real de una justicia bíblica.  La justicia bíblica es una justicia relacional que contempla las necesidades de cada situación.[9]  Al ser relacional, la justicia bíblica busca el shalom (bienestar integral) de la persona.[10]  Es entonces, esta clase de justicia que el poeta articula al construir una realidad diferente.

El poeta hebreo afirma la justicia de diferentes maneras.  En primer lugar establece que la justicia es una prioridad divina.  Dios, en su preocupación por el ser humano, declara su interés por la justicia.  Esto el poeta lo declara de la siguiente manera: “El Señor ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de su amor” (33:5).  Este amor por la justicia tiene una consecuencia pedagógica: “El dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino” (25:9).  Además de ser pedagógica es poderosa, amplia y abarcativa: “Tu justicia es como las altas montañas; tus juicios, como el gran océano” (36:6).  También es una justicia que protege: “Porque el Señor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles.  El Señor los protegerá para siempre, pero acabará con la descendencia de los malvados” (37:28).  La justicia de Dios, al igual que su soberanía no está limitada ni circunscripta a una región geográfica ni tampoco a un determinado pueblo.  La justicia de Dios tiene alcances globales: “Que se diga entre las naciones: ‘¡El Señor es rey!’ Ha establecido el mundo con firmeza; jamás será removido.  Él juzga a los pueblos con equidad…¡Canten delante del Señor, que ya viene!  ¡Viene ya para juzgar la tierra!  Y juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con fidelidad” (96:10, 13)   La universalidad de la justicia de Dios, que de por sí es una realidad misionológica fundamental, también se expresa en el contexto de la alabanza: “Tu alabanza, oh Dios, como tu nombre, llega a los confines de la tierra; tu derecha está llena de justicia.  Por causa de tus justas decisiones el monte Sión se alegra y las aldeas de Judá se regocijan” (48:10-11).

Las diversas maneras en que el poeta hebreo poetiza la justicia de Dios hace que el concepto y la realidad de dicha justicia sea realmente algo muy rico que es necesario compartir a las naciones.  La justicia divina, ofrecida a las naciones y no restringida a un pueblo, representa un mensaje de esperanza muy importante.  No obstante, la poesía hebrea no es ingenua y reconoce que la justicia bíblica necesita ser abrazada e implementada por los que están en posiciones de liderazgo, ya sea en cargos políticos o religiosos.  El salmo 72 expresa una visión y un desafío en este sentido, que analizaremos a continuación.

El autor del salmo 72 articula una propuesta concreta acerca de la justicia, que involucra la persona del rey.  La realeza en el mundo hebreo ejerce el poder en diversas áreas de la vida.  En un sentido simboliza el poder aquí en la tierra.  Para el poeta existe una realidad ineludible que es la siguiente: justicia, shalom y esperanza no son viables a menos que los que ostentan el poder político obren a favor de ellas.  Y la única manera que esto puede ocurrir es si los que están en el poder se someten al señorío absoluto del Dios creador y dueño de todo poder.  Es por esto que el poeta dirige toda sus plegarias y súplicas a Dios en favor del rey (símbolo del poder político y religioso).

El poeta comienza rogando que Dios le otorgue su justicia al rey: “Oh Dios, otorga tu justicia al rey” (72:1).  Él es consciente del importante papel que juega el rey en todo el proceso legal y jurídico de su reino.  La posibilidad de que exista justicia en la sociedad del cercano oriente antiguo dependía primordialmente de las actitudes y decisiones del rey.  Es por esto que se eleva una clamor hacia Dios, quien es dueño de la verdadera justicia, que esa justicia divina se manifieste en la persona del rey.  Es por demás interesante notar el paralelo que el poeta traza entre el hacer justicia y el verdadero shalom (paz, bienestar integral): “Brindarán los montes bienestar al pueblo, y fruto de justicia las colinas…  Que en sus días florezca la justicia, y que haya gran prosperidad hasta que la luna deje de existir” (72:3,7).  La realidad que define esta poesía plantea que el bienester integral de cualquier grupo humano y la prosperidad que pueda alcanzar depende inexhorablemente de la práctica de la justicia.  Dicho de otra manera, el verdadero shalom no puede existir si no se practica y se nutre la justicia.[11]  El mensaje misionológico presente aquí es que para el salmista existe la posibilidad de un liderazgo político permeado por la justicia bíblica porque Dios es capaz de otorgarle esa justicia al rey.  Esa justicia tiene la posibilidad de alcanzar a todas las naciones y así proveer a los pueblos una esperanza genuina de vida.  La propuesta del poeta es sin lugar a duda “contra-corriente”.  En las estructuras de poder latinoamericanas y en la sociedad en general, la prosperidad no depende de la práctica de justicia sino todo lo contrario.  En términos generales, es la injusticia la que lleva a la prosperidad.  Es la opresión injusta de los “sin voz, sin rostro y sin poder” que genera la riqueza ilícita de los que ostentan el poder.  La realidad que propone el poeta entonces es una realidad “al revés”, y es precisamente ese mundo al revés que es la “buena nueva” proclamada con fe a todas las sociedades del mundo.

Asimismo, la justicia en este poema, al igual que en toda la revelación bíblica se entiende primordialmente como la preocupación, protección y rehabilitación de los pobres, desprotegidos y desposeídos que representan lo más vulnerable de la sociedad.  Una vez más, el verdadero shalom no puede convertirse en una realidad concreta a menos que la justicia “haga justicia” a los pobres.  El poeta lo expresa de la siguiente manera: “El rey hará justicia a los pobres del pueblo y salvará a los necesitados, ¡él aplastará a los opresores!… Él librará al indigente que pide auxilio, y al pobre que no tiene quien lo ayude.  Se compadecerá del desvalido y del necesitado, y a los menesterosos les salvará la vida.  Los librará de la opresión y la violencia, porque considera valiosa su vida.” (72:4, 12-14).  El poeta a través su arte establece cual es la verdadera responsabilidad del rey.  La monarquía debe tener como prioridad la ayuda al débil y al pobre, es decir, que los marginados sean tratados con justicia.  El argumento detrás de la declaración poética es que la monarquía tiene el poder y por tanto la responsabilidad de aliviar el sufrimiento de los débiles y marginados.  Paul Lehmann ha escrito: “La justicia es el eslabón crítico entre el poder de la responsabilidad y la responsabilidad del poder porque la justicia es la acción justa de Dios corrigiendo lo que no está bien en el mundo”.[12]  En este sentido, el rey que representa a Dios aquí en la tierra y  que ostenta el poder tiene la sagrada responsabilidad de asegurar que la justicia permee todos los ámbitos de la vida humana.  Por lo tanto, la poesía construye una realidad diferente a la impuesta por la cultura dominante, porque exige, pretende y cree que el poder debe hacer justicia.  Mientras que en la cultura dominante el poder se caracteriza por corrupción, injusticia y deshumanización, el poeta articula teológicamente una alternativa que tiene consecuencias universales.  Estas consecuencias universales tienen que ver con la realidad de la justicia y proveen una esperanza de vida a un mundo que está empecinado en propuestas de muerte.  De esta manera, afirmando la justicia, la poesía proclama un mensaje que llama a la vida.  Esta vida forma parte del desafío misionológico presente en la poesía hebrea.

Los pobres y misión

La poesía hebrea, que define una realidad nueva a través del poder de la palabra expresada y escrita, incluye de manera específica en esa nueva realidad a los pobres.[13]  Por medio de afirmaciones contundentes re-describe el proceso histórico en el que se ve inmerso el pobre.  El poeta es capaz de declarar con confianza y fe: “Quién como tú Señor? Tu libras de los poderosos a los pobres; a los pobres y necesitados libras de aquellos que los explotan” (35:10).  Aquí el salmista reconoce que exite una realidad donde predominan los opresores que explotan a los que no tienen poder para redefinir su situación.  Pero a la vez, proclama que existe una alternativa que proviene del único Dios, cuya soberanía es universal, y cuyo amor es justo.  La existencia de este Dios significa que el poeta puede clamar a favor del que está marginado y hacerlo con la confianza de que hay una alternativa.  Sin duda, esto puede considerarse como algo utópico, pero la buena nueva de la poesía hebrea es que no tiene que necesariamente serlo.  Aquellos que tienen el poder (la monarquía en Israel) siempre tratarán de convencer a los marginados que todo está definido, determinado y que no existe alternativa alguna en esta realidad.  No obstante el poeta se resiste a esa descripción de la realidad y lo hace no solamente porque hay un Dios que es justo, sino porque ese Dios justo también es un Dios que actúa.

La acción de Dios en favor de los pobres está expresada de diferentes maneras.  En primer lugar existe una relación de amor paternal: “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa (68:5); “Las víctima confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos”. (10:14) Ese amor se manifiesta en la praxis en términos de una defensa activa de los indefensos frente a los opresores.  Las viudas, cuya condición social generalmente se caracteriza por la pobreza pueden tener la esperanza de que hay alguien que las defiende.  Ese alguien es justo y poderoso.  Además de defender la causa del débil, el poeta declara que Dios se ocupa de proveer amparo al desamparado y libertad al cautivo: “Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitarán en el desierto” (68:6).  Esto representa una afirmación atrevida en medio de una situación de control y opresión.  Proponer que existe la posibilidad de liberación y de “techo” para el marginado requiere coraje e imaginación teológica.  Al imaginar una realidad diferente, el poeta articula esa nueva realidad en términos teológicos y de esa manera provee esperanza en medio de una situación de desesperanza.

La presencia preponderante  de la categoría “pobres” en la poesía hebrea no significa que debamos minimizar ni “espiritualizar” la situación difícil y apremiante que viven los marginados.[14] Estos representan a todos los que no tienen derechos, que están en una lucha diaria por sobrevivir y que al carecer de todo tipo de influencia están a la merced de los que tienen un monopolio sobre el poder.  Es para estos que el poeta proclama y articula una situación nueva.  Así como Dios provee liberación de situaciones deshumanizantes, también se ocupa de la alimentación: “…saciaré de pan a sus pobres” (132:15) Es decir, Dios actúa no solamente en el sentido de defender los derechos de los pobres en la corte y en la sociedad, sino que también busca de satisfacer las necesidades básicas de todo ser humano.  El accionar de Dios afecta todas las áreas de la vida.  La influencia de Dios es integral y total.

El desafío misionológico en este sentido está planteado.  El poeta articula una realidad diferente para los pobres.  La poesía transforma situaciones de injusticia, de desamparo, de soledad y de hambre en realidades de justicia, amparo, comunidad y salud.  Esto sugiere que el trabajo misionero contemporáneo debe considerar todas estas áreas en su tarea de compartir las “buenas nuevas” que tienen el poder para transformar.  Los pobres en el continente latinoamericano son aquellos que apenas subsisten, pero no viven.  Luchan a diario con la muerte, el pecado y la maldad.  Su única esperanza es el poder transformador del Dios presentado en la poesía hebrea.  Este Dios de justicia, de amor, de provisión integral, puede y desea ofrecer una realidad diferente a todo aquel que sufre.  Así como utilizó a los poetas de antaño para articular esta realidad novedosa, hoy también utiliza y busca a quienes están dispuestos a correr el riesgo de re-describir la realidad que está definida por la cultura imperante.  El poeta expresó: “Dichoso el que piensa en el débil” (41:1).  Hoy Dios también busca a quienes piensan en los débiles.  Pensar, en el contexto hebreo, implica no solamente meditar sino actuar.  El salmista también afirma que el rey que hace justicia es el preferido de Dios: “Tú amas la justicia y odias la maldad; por eso Dios te escogió a ti y no a tus compañeros, ¡tu Dios te ungió con perfume de alegría!”  En un sentido muy real y concreto, la posibilidad de que la humanidad realmente  viva y no solamente subsista depende de que reyes y ciudadanos re-definan la realidad desde una perspectiva teológica.

A modo de conclusión

Es importante aclarar que una misionología bíblica no puede nutrirse solamente de las propuestas ofrecidas por los poetas hebreos.  También es menester señalar que todo análisis de los salmos canónicos tendrá su cuota de subjetividad.  No obstante, los salmos ayudan a completar un cuadro misionológico bíblico más abarcativo y real.

La condición humana, el sufrimiento y el dolor humano, son elementos que siempre preocupan a los poetas hebreos.  Sus poesías tienen que ver con una realidad humana concreta.  Por lo tanto, al poetizar la realidad en la cual están inmersos los poetas, lo hacen desde un contexto de vida cotidiana y no desde una “torre de marfil”.  Por esta razón es que la comunidad de creyentes a lo largo de la historia de la iglesia, siempre se ha identificado en forma íntima con los poetas de antaño.  Pero también, consciente o inconscientemente, la comunidad ha palpitado el corazón de los poetas porque estos artistas teológicos a través de sus versos proponen alternativas teológicas sumamente significativas.

Entre muchas de las alternativas que surgen de la poesía hebrea está la preocupación por el “otro”.  Esto sin duda forma debe formar parte de cualquier propuesta misionológica.  Hacer misión sin pasión por el otro, es hacer proselitismo barato y mercantilista.  En cambio, si existe una actitud de compasión, de amor fiel, de interés desinteresado, entonces existe la posibilidad de una realidad diferente.  Es en esta dirección que los poetas nos enseñan algo nuevo.  A partir de su propia experiencia y existencia formulan alternativas que no tienen como destinatarios exclusivos a sí mismos solamente, sino que al ser humano en general dondequiera que se encuentre.  Es así que proclama que de Dios son los reinos: “…pues de Dios son los imperios de la tierra”(47:10).  Esto significa que en última instancia los reinos, que hoy definiríamos como los grandes conglomerados multinacionales, no pertenecen a los agentes de poder.  Esta entonces es una redefinición de la realidad radical que afecta a toda la humanidad.  Esto permite sugerir entonces que la misión en los salmos tiene como punto de partida la soberanía absoluta de Dios sobre todo lo que existe, inclusive sobre los que se “creen” soberanos.  Esta sin duda es una propuesta de esperanza para nuestro continente latinoamericano que ha sufrido largamente bajo los “seudo-soberanos” de la historia.  Los “seudo-soberanos” jamás han articulado una propuesta de esperanza y vida para la “gente”.  En cambio, la poesía hebrea articula una alternativa de vida a partir del Creador de toda vida.

Es significativo notar que la misión en los salmos hebreos nunca está dada en términos de “estadísticas” sino en la afirmación de que en Dios, el que verdaderamente reina, hay una esperanza de vida para el “otro”.  El “otro” nunca es un número, uno “ganado”, sino uno que puede acceder a una re-definición de la realidad a partir de una comprensión teológica de la realidad en la que Dios es el soberano universal que se interesa por la condición humana.  Esta condición humana, que hoy en latinoamérica está definida por un neoliberalismo deshumanizante y demoníaco, debe ser confrontada por una misión radical que re-define el proceso histórico en términos de justicia y vida, tal como la entendieron y la re-definieron los poetas inspirados por el Creador de la vida.

[1] Este documento es una síntesis de un artículo más extenso que está publicado en Padilla, R. ed. Bases Biblicas de la Misión.  Nueva Creación, 1998.  Reproducido conn permiso del autor.

[2]     Salmos 117.  Las citas bíblicas del libro de los Salmos serán tomadas de la Nueva Versión Internacional, 1995.

[3]     Para un análisis exhaustivo del significado del vocablo pueblo, ver R. Good, The Sheep of His Pasture, Scholars Press, California, 1983.

[4]     Cf. el comentario al respecto de M. Breneman en “Los Salmos y la misionología” en Misión, No. 7, 1983, p. 26.

[5]     Otros pasajes en el salterio que expresan esto mismo son: 19:4; 22:27-28; 33:8-10; 36:5-9; 45:12, 17; 46:6,9,10; 72: 8,11; 87; 93:1,2; 96:10; 97:1; entre otros.

[6]     Ver por ejemplo J. Mays, The Lord Reigns, A Theological Handbook to the Psalms, Westminster John Knox Press, Kentucky, 1994, pp. 12-22.

[7]     Las diversas opiniones están presentadas en M.Z. Brettler, God is King, JSOT Supplement Series, 76, Sheffield Academic Press, 1989, pp. 125-128.

[8]     Comparar con los comentarios sobre el Salmo 24 de J. du Preez en “Mission Perspectives in an Old Testament Procession Song: Psalm 24″ Missionalia 18/3(November

1990), pp. 330-343.

[9]     Consultar el excelente análisis de Mays, en J.L. Mays, “Justice, Perspectives from the Prophetic Tradition,” Interpretation 37/1(1983), pp. 5-17.

[10]     Para una perspectiva liberadora en cuanto al significado de shalom ver W. Brueggemann,  Living Toward a Vision, Biblical Reflections on Shalom, United Church Press, New York, 1982.

[11]     Ver las ideas expresadas al respecto en Patrick Miller Jr., “Power, Justice and Peace: An Exegesis of Psalm 72,” Faith and Mission 4/1(1986), p. 67.

[12]     P. Lehmann, “The Metaphorical Reciprocity Between Theology and Law,” The Journal of Law and Religion 3(1985), p. 189. (Traducción personal)

[13]     En este trabajo, la categoría “pobres” incluye al débil, desvalido, desposeído, desamparado, etc.  En otras palabras, a toda persona que por alguna razón ha sido o es marginada.

[14]Ver el excelente análisis de H-J. Kraus en Theology of the Psalms, Augsburg Publishing House, Minneapolis, 1986, pp. 150-154.

Tomado de www.cristianos.com