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¿Qué piensas de ti mismo?

Muchas veces nuestros pensamientos nos traicionan y muestran perspectivas muy diferentes a la realidad, por lo que creemos que somos un error, un fracaso o algo inservible; olvidando que Dios tiene un propósito con nuestra…

El amor verdadero – Reflexiones de amor

reflexiones de amor. Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí. Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzeimer muy avanzado.

¿Líderes o administradores?

¿Se puede ser un buen administrador sin ser un buen líder? ¡Sí! Pero toda organización, que desea innovar, necesita ambas funciones y no siempre la misma persona tiene todas estas cualidades. Lo que si es cierto…

La oración eficaz

Compartido Juan 14.14 dice: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. A veces, las personas interpretan esto como que cualquier petición que termine con las palabras “en el nombre de Jesús, amén”, será…

Nuestra vida y nuestros deseos

Nuestra vida es motivada por lo que deseamos de ella.  Hay quien desea fama, y lucha por alcanzarla y de acuerdo a su ambición así es el grado de riesgos que tomará la persona para alcanzar…

El Evangelio: Proclamar vs. Demostrar

Una de las interrogantes que los cristianos deberíamos plantearnos es cómo equilibrar la proclamación del Evangelio con la demostración del Evangelio. La proclamación del Evangelio no es otra cosa que proclamar el Evangelio con claridad….

Usted es su mejor motivador

Photo: Pixabay El tener significado en la vida, tener metas especificas, Sentirse amado, conocer a Dios y saber que tenemos la chispa interna, que nos mueve hacia la realización de nuestros deseos, nos convierte en…

Cuando un hermano cae, ¿cuál es tu actitud?

Una de las razones por las cuales muchos jóvenes y adultos se resisten a ir a la iglesia es por la cantidad de escándalos que se generan cuando un líder cristiano cae en pecado. Tristemente vemos cómo esta situación se repite en distintas denominaciones y países provocando la división de Iglesias y el cierre de otras. La pregunta es: ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante esta situación? Rafael Pérez, pastor de la iglesia Pez Mundial, nos amplía a continuación sobre este tema.

Cada cierto tiempo se hace pública la caída de algún creyente, el desvío de una iglesia local o el mal testimonio de alguna organización cristiana. Todos esos son casos muy tristes, pues dañan al cuerpo de Cristo en general y son usados por los impíos para acusar a Dios. Sin embargo, hay algo aún más triste: la actitud de muchos de sus mismos hermanos que en vez de lamentarse sinceramente por la caída y sus consecuencias, en vez de interceder o tratar de restaurar, aprovechan la ocasión para exaltarse a ellos mismos (proclamando su propia justicia), para anunciar que se cumplió su pronóstico (yo lo sabía, yo lo dije) o hasta para tomar provecho de la situación. La caída de Israel ilustra este mal proceder. El pueblo se corrompió a un punto tal que se hizo abominable ante Dios y recibió su castigo, pero mientras su ciudad era destruida (Jerusalén), los edomitas, que eran familiares suyos, se alegraron, se jactaron, echaron mano de sus bienes y hasta mataron ellos mismos a quienes lograron escapar. Por eso, ningún pueblo de la antigüedad fue reprendido con tanta dureza como Edom, a su castigo se le dedicó un libro completo del Antiguo Testamento (Abdías) y porciones de muchos otros(A). A diferencia de Nínive, no se les predicó arrepentimiento, sino total destrucción («serán como si no hubieran sido»), evidencia del fuerte desagrado que creó en Dios su actitud hacia sus propios hermanos.

La verdadera motivación
Los edomitas eran los descendientes de Esaú (llamado Edom), hermano de Jacob (llamado Israel) y mantenían muy viva la vieja rivalidad entre sus antepasados: su padre tuvo en poco la promesa de Dios y vendió ese derecho a su hermano por un plato de comida. Así, llegó a convertirse Israel en el pueblo de la promesa, pero los hijos de Esaú (edomitas) aprovechaban cada oportunidad para atacarles: bloqueando su paso, uniéndose a otros pueblos en sus ataques o aprovechando el castigo de Dios para canalizar su propio resentimiento. Tiempo atrás, cuando el pueblo de Israel caminaba hacia la tierra prometida, Moisés pidió permiso al rey de Edom para pasar por su territorio, lo hizo apelando a su condición de hermano («así dice Israel tu hermano(B)»), con un ruego y con la garantía de que no tocaría nada de su territorio: «te rogamos que pasemos por tu tierra. No pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos; por el camino real iremos, sin apartarnos a diestra ni a siniestra, hasta que hayamos pasado tu territorio(C)». Esta fue la respuesta de Edom: «no pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado(D)». Israel apeló a ellos una vez más, pues quizás se trataba de un exceso de celo al proteger su territorio, le aseguró que ni aún el agua de sus pozos sería tocada: «y los hijos de Israel dijeron: por el camino principal iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas; déjame solamente pasar a pie, nada más(E)». Y nuevamente, esta fue la respuesta de Edom, ahora mucho más hostil: «No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su territorio, y se desvió Israel de él(F)».
Los edomitas de hoy
Podría ser que la motivación de quienes siguen hoy el camino de los edomitas (alegrándose, jactándose y aumentando la aflicción del hermano caído) sea un fuerte celo por la obra de Dios mal canalizado, pero en muchos casos la motivación podría ser todavía más baja: soberbia, arrogancia y la falta de misericordia; envidia, celos y viejas rencillas sin superar. Quiero pensar que les mueve la gloria de Dios, pero ni en su adoración ni en la proclamación del evangelio, ni en la edificación de las iglesias son tan militantes como al momento de perseguir a sus propios hermanos, lo hacen de forma tan visceral y combativa que hasta superan a los enemigos de Dios. Ni los impíos más combatientes muestran tanto afán, en determinados casos parece una fijación. Israel se mercería el castigo, sus pecados eran tantos que virtualmente casi cualquier pecado presente entre nosotros hoy puede ser encontrado allá: inmoralidad sexual, idolatría, sacrificio de niños, falsos maestros que le predicaban al pueblo lo que el pueblo quería oír y diversas formas de injusticia. Esta fue la evaluación de ellos que hizo Isaías:

¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Isaías 1:4-6